El domingo pasado, conversando con la Samaritana en el pozo, el Señor se mostró como agua viva que brota hacia la vida eterna; este domingo, sanando al ciego de nacimiento, Él se manifiesta como luz de las conciencias.
El domingo siguiente, devolviendo la existencia a Lázaro que había muerto, se proclama como resurrección y vida.
También nuestro bautismo es este prodigio: agua que revitaliza; la vela, simbólicamente, luz para el camino, y vida de resucitados desde ahora; por ello, tratemos de actuar con más coherencia y más valentía.
Cuando hablamos de “ceguera” parece que se entiende solamente la dimensión física, que es no poder ver con los ojos de la cara. Sin embargo, infelizmente, hay muchas cegueras que nos golpean a lo largo de la existencia y determinan algo sumamente grave: una alienación, o sea, estar ajeno, no ver las cosas, no darse cuenta de lo que pasa alrededor, no saber hilar los contenidos y, por ende, no tomar actitudes correctas para mejorar la realidad.
Una de las cegueras de las que tenemos que curarnos es dar la misma interpretación que ellos dieron para el ciego de nacimiento, es decir, entender las enfermedades, los dolores y desengaños como castigo de Dios. Dios no desea nuestro sufrimiento, aunque es cierto afirmar que, muchas veces, uno cosecha lo que siembra y es muy sabio evitar el sufrimiento evitable.
Otra enseñanza es constatar que Jesús, al ver al ciego marginado y mendigo, no se quedó solamente en tener lástima, sino que hizo barro con su saliva y lo puso sobre sus ojos, que se sanaron. Esto manifiesta que el Señor no se mantiene indiferente hacia nuestros problemas, sino que se acerca y muestra una solidaridad eficaz.
Otra ceguera de la cual tenemos que sanarnos es el miedo de manifestarnos en la sociedad como discípulos de Jesús, para evitar conflictos que esto podría acarrear. Notemos que el ciego sanado no tuvo recelo de enfrentar las agresivas y confusas autoridades judías, afirmando que Jesús era un profeta, un enviado de Dios, ya que hacía tales milagros, y finalmente, sostiene claramente que Él es el Señor, y se postró delante de él.
Este tiempo de cuaresma es oportunidad valiosa para discernir y disminuir las cegueras y alienaciones que asolan nuestra vida. Será una terapia excelente hacer una Confesión sincera y ser una persona que ve claramente, lo que hay dentro y fuera de su corazón.
Paz y bien.
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