Peligroso abandono

Podemos citar una infinidad de situaciones difíciles que afectan a gran parte de la población paraguaya en general y la de Amambay en particular en diversos aspectos. En esta oportunidad, la referencia es para dos territorios específicos en los que el día a día de los pobladores reflejan una realidad común que conduce a una conclusión y es la absoluta ausencia del Estado, privándoles de algo tan básico como un camino para desplazarse.

El asentamiento suburbano denominado San Rafael, con cerca de 200 familias, ubicado a menos de 10 km del centro de la ciudad de Pedro Juan Caballero, y la comunidad indígena Pikykua con unas 500 familias, situada a 55 km de la capital departamental, tienen en común el producto de la desidia de los responsables de las instituciones encargadas de las obras públicas. En San Rafael llevan años pidiendo la sustitución de un precario puente de madera y en Pikykua los pobladores se exponen al constante peligro para cruzar el río Aquidabán utilizando una improvisada balsa o a veces una canoa.

Cada presencia de nuestro medio en esos lugares ha sido una oportunidad aprovechada por los pobladores para expresar su indignación, decepción y temor, teniendo en cuenta la siempre latente posibilidad de una desgracia. En ambos lugares ya hubo accidentes trágicos como consecuencia de la infraestructura fallida.

El escenario planteado somete a las más de 3.000 personas que habitan en esos lugares al estancamiento total; niños, ancianos, embarazadas, enfermos, por citar a los pobladores más vulnerables, se exponen al peligro constantemente y a eso se suma la imposibilidad de ejecutar un plan de progreso a través de la producción por la dificultad de extraer los productos hacia el centro de comercialización. Esta desidia es la muestra de un Amambay olvidado por el Estado en todos sus niveles y atenta de forma directa contra cualquier posibilidad de desarrollo en esos lugares cuyos moradores necesitan puentes y mejores caminos para su desplazamiento y para el transporte de lo que producen o simplemente para cumplir con sus compromisos laborales o de otra índole.

La situación que día a día afrontan los pobladores de la comunidad indígena Pikykua y el asentamiento San Rafael se constituye en el reflejo de la espantosa incapacidad de las autoridades municipales, departamentales y nacionales, para articular acciones a favor de la gente. Existe una imperiosa necesidad de que los responsables mejoren las condiciones de vida y devuelvan la dignidad a los componentes de esos núcleos poblacionales del Amambay.

eder.rivas@abc.com.py