Las decisiones de Trump han sacudido el orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial.
La captura en un operativo militar del presidente venezolano Nicolás Maduro, el bloqueo petrolero contra Cuba para imponer un “cambio de régimen”, las amenazas de llevar a cabo acciones militares en territorio mexicano para combatir a los carteles de la droga, la ambición de anexar Groenlandia, y, más recientemente, la guerra lanzada junto con Israel contra Irán, crean un ambiente de inestabilidad, un momento extraordinariamente peligroso para la paz en el planeta.
La operación en Venezuela que terminó con la captura de Maduro y su traslado a una mazmorra en Nueva York para enfrentar acusaciones de narcotráfico sientan un precedente inquietante.
El gobierno de Estados Unidos, actuando como un policía internacional, arrestó a Maduro y dejó en el gobierno de Venezuela a dirigentes más flexibles que no tardaron en abrir las espitas de las enormes reservas de petróleo a las empresas norteamericanas.
Evidentemente, el objetivo de Trump era apoderarse del oro negro venezolano. Y al apresar al presidente de Venezuela, Trump dejó claro que Estados Unidos, bajo su mandato, infringirá las reglas del orden internacional cuando le convenga. Este tipo de acción arbitraria podría causar que otras potencias decidan imitar ese comportamiento.
La guerra contra Irán crea un escenario aún más delicado e imprevisible. Este mes de marzo, Estados Unidos e Israel agredieron a la república islámica, rompiendo normas internacionales. Una de las operaciones consistió en una gran ofensiva aérea contra la estratégica isla petrolera de Kharg.Debido al conflicto, los precios del petróleo se han disparado en todas partes. En Miami, donde escribo estas líneas, el precio de la gasolina ya supera los cuatro dólares el galón. Y no se sabe cuánto durará este atentado al bolsillo de los consumidores, que es al mismo tiempo una bonanza para la oligarquía petrolera.
El saldo peor lo constituyen las víctimas civiles, como las más de 160 niñas asesinadas en una escuela de la ciudad iraní de Minab, el pasado 28 de febrero, víctimas de un bombardeo estadounidense. No hay justificación posible para ese crimen de lesa humanidad. Trump está llevando a cabo una política exterior atroz, y más estadounidenses deben sumar sus voces a los que ya exigen un alto a la guerra.
No se debe olvidar tampoco el problema constitucional interno en Estados Unidos que Trump ha generado. El Congreso, que según la Constitución es el encargado de declarar la guerra, no ha aprobado el conflicto con Irán. Los intentos legislativos para limitar la intervención militar fueron bloqueados por el voto de los republicanos, dándole carta blanca a Trump, que se salta el poder legislativo a la torera.
Crisis en el Caribe, crisis en América Latina, crisis en el Oriente Medio, tensiones con la Unión Europea. ¿Hasta dónde va a llegar Trump? Sus acciones indican una política exterior descabellada, que no se basa en la diplomacia sino en la presión, la fuerza y la amenaza. El peligro no es solo un conflicto específico, sino la acumulación de crisis simultáneas.
No son pocos los que temen que esas crisis nos estén colocando cerca de una Tercera Guerra Mundial. Pero hasta ahora, China, Rusia y la Unión Europea evitan una confrontación directa con el imperio americano. Sin embargo, es muy riesgoso que el mundo entre en una era donde las normas internacionales no se respetan, las decisiones militares se toman bruscamente y sin justificación, y los conflictos regionales arden por todas partes.
La paz mundial no depende de la fuerza, sino del cumplimiento de reglas internacionales. Trump debería saber que debilitar esas reglas puede llevarnos por un camino impredecible y sumamente peligroso. [FIRMAS PRESS]
*Artículo gentileza. El autor es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso y La espada macedonia.