Como si ellos no tuvieran nada que ver, no reducen la cantidad de funcionarios supernumerarios, sin tareas que cumplir en las instituciones públicas. Es más, ni siquiera dejan de contratar nuevos, cuando que los gastos rígidos son parte fundamental del problema.
Como si ellos no tuvieran nada que ver, pierden la voz dando discursos sobre sacrificios necesarios, pero no empiezan por casa ni dan señal concreta alguna de austeridad.
Como si ellos no tuvieran nada que ver, defienden a un “humilde paraguayo peleando por su casita propia…, pidiendo una semana después al mismo colega senador que renuncia porque “no tiene las condiciones mínimas requeridas para estar en esta honorable cámara”.
Como si ellos no tuvieran nada que ver, anuncian reformas que nunca llegan, proyectos que se diluyen y promesas recicladas en cada periodo electoral. En la misma línea de ñe’ereí, hablan de transparencia mientras la información brindada a la ciudadanía es retaceada y siempre ambigua.
Como si ellos no tuvieran nada que ver, le echan la culpa a la guerra en Ucrania -ahora su suma la invasión a Irán-, al clima y a la historia… cualquier cosa menos asumir las responsabilidades actuales inherentes a sus cargos, evidentes para todos menos para ellos.
Nos piden confianza y votos, pero pisotean ambos cuando se contradicen entre sus compromisos electorales y lo poco, malo y torcido que realmente llevan a cabo.
Como si ellos no tuvieran nada que ver, convierten los discursos en un fin en sí mismo, así el hablar equivale a gobernar y anunciar es lo mismo que cumplir. Pero nada se hizo realmente. Y encima se dan el tupé de exigir paciencia a una ciudadanía harta de esperar resultados. Salvo algunos acomodados de siempre, que no ven la miseria de muchos, pero seguro irán a la iglesia en esta Semana Santa.
Sangre, sudor y lágrimas, eso piden al pueble paraguayo, mientras ellos no renuncian un solo milímetros a sus regalías. Como si no tuvieran nada que ver.