A causa de la convalecencia

El embajador paraguayo en Estados Unidos, Gustavo Leite, y el expresidente Nicanor Duarte Frutos salieron a cuestionar fuerte e inesperadamente al gobierno de Santiago Peña.

“Casualmente”, ambos se habían reunido previamente con el líder de Honor Colorado y expresidente de la República, Horacio Cartes.

Leite criticó directamente al entonces ministro de Economía Fernández Valdovinos y de paso dijo que en el gobierno de Santiago Peña (que él representa ante los EE.UU.) hay coima. Duarte Frutos habló contra el titular de la DNIT Óscar Orué y de la percepción negativa que tiene la gente de la gestión de Peña.

Coincidieron ambos en criticar cuestiones económicas. Leite dijo que Fernández Valdovinos habló de una “economía de guerra” para evitar aclarar cuánto se le debe a los proveedores del Estado. Nicanor dijo que la DNIT es selectiva y controla solamente a ciertos empresarios.

Está claro que ambos salieron a tirotear con autorización previa de Cartes.

¿Pero qué le preocupa realmente al líder de Honor Colorado? Puede que sea la mala administración del país y sus consecuencias sobre la ciudadanía. Pero es mucho más posible que su enojo se deba a que sus amigos y socios empresarios proveedores del Estado le reclaman que no están cobrando lo que le deben porque, según la administración Peña, no hay plata.

Como siempre: el cochino dinero de por medio.

La cuestión es que este episodio expuso en el escenario las diferencias internas que asoman con fuerza en el coloradismo, fogoneadas por la “convalecencia” (palabra que utilizó el ministro del interior, Enrique Riera, y también el vicepresidente Pedro Alliana) del presidente de la ANR, Horacio Cartes.

La ausencia de Cartes, más allá de las fotos que comparten en sus redes los pocos que están autorizados a visitarlo, tiene consecuencias aceleradamente.

Si el jefe de Honor Colorado no puede asumir efectivamente el mando, los problemas se irán multiplicando porque no hay nadie que lo pueda reemplazar adecuadamente. Cuestiones que parecían cerradas pueden comenzar a ponerse en duda. La candidatura presidencial de Alliana en 2028, por ejemplo.

Ni hablar de la gobernabilidad de Peña en lo que le queda de mandato.

Sin Cartes dirigiendo en forma personal a la tropa era muy predecible que ocurra lo que empieza a ocurrir. El escenario colorado se pone interesante.

mcaceres@abc.com.py