Diversas situaciones crean turbación en nuestra vida, como la enfermedad, el desempleo, las deudas económicas, entre otras. No debemos caer en el nerviosismo, porque esto puede llevarnos al estrés, a la depresión e incluso a perder el gusto por la vida.
Para no perder la calma, es necesario adoptar medidas que nos mantengan firmes y generen resiliencia.
La primera que el Señor indica es: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí”. Es fundamental desarrollar un espíritu de hijo de Dios, que confía en la ternura del Padre celestial y, a la par, manifiesta un comportamiento moral digno de un hijo de Dios.
A continuación, Cristo afirma que va a prepararnos un lugar en su casa y que quiere que estemos junto a Él en el Paraíso. Esto nos impulsa a actuar de modo que podamos acoger este don, lo cual produce una profunda tranquilidad.
Algo sustancial para experimentar la paz interior es tener metas personales, profesionales y sociales, y sentirse responsable de la construcción del propio futuro y del de la familia. Estas metas deben ser razonables y no pueden ser solamente un antojo más o menos delirante. Hay que arremangarse, estar dispuestos a hacer algunas renuncias y perseverar en un esfuerzo bien orientado.
Para llegar a esta situación, sin ansiedades desordenadas, debemos tomar el rumbo correcto. Cristo afirma: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. El camino es una Persona; es un estilo de vida; es la encarnación de valores que promueven la justicia y la dignidad para todos.
Si uno va por otro camino, con mucha o poca riqueza, con mucha o poca fama, será atormentado por serias angustias, pues el ser humano, cuando se aleja de Dios, se convierte en un despistado que camina hacia la frustración en su egoísmo.
Para asegurar la serenidad, es fundamental vivir en la Verdad que, nuevamente, es una Persona, y no tanto una definición más o menos filosófica. Es ser honesto en las palabras y en las acciones, no vender la conciencia ni tampoco el propio cuerpo. No se debe practicar ningún tipo de fraude, pues esto es una forma de mentira.
Confiando en el Señor de modo auténtico, siguiendo a Cristo como Camino, Verdad y Vida, la persona realizará obras provechosas, como Él mismo lo asegura: en primer lugar, para su propio bien, pero también para el crecimiento de todos los demás.
Paz y bien
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