Los liberales y las “alianzas”

Hoy vamos a las urnas los afiliados de las organizaciones políticas a elegir a nuestros candidatos para las elecciones municipales de octubre, en un acto que consideramos ya cotidiano pero que, sin embargo, es uno de los más grandes avances en el camino de convertirnos en una democracia no solamente plena sino también, y principalmente, real.

Hasta 1990, la selección de candidatos para las elecciones estaban en manos de cúpulas oligárquicas que designaban a dedo a los integrantes de las listas que competirían para integrar los cuerpos colegiados de elección popular, lo cual reducía la participación popular en el proceso político a “plebiscitar” pasivamente las decisiones tomadas por dichas cúpulas oligárquicas.

Hasta 2019, durante casi 30 años, dichas cúpulas oligárquicas todavía mantuvieron un poder hegemónico en la elaboración de las listas, pues aunque el pueblo tenía ya dos instancias para optar entre las listas cocinadas por las cúpulas, ellas las elaboraban todavía en forma hegemónica.

En 2019 recién, con el desbloqueo de listas, empezaron las cúpulas a perder realmente el control pues a partir de entonces tenemos los paraguayos la posibilidad de modificar las listas; los comunes aumentamos nuestro derecho a elegir. Es un buen camino.

Pero el sistema tiene aún un tema a resolver: Las cúpulas de las organizaciones políticas pequeñas mantienen el mismísimo poder que tenían todos antes de 1990 mediante el expediente de organizar unas farsas electorales con listas únicas como las de las dictaduras comunistas. Siguen proponiendo candidaturas de escritorio que aprovechan los lastres de la “representación proporcional” para llegar a los organos colegiados de elección popular.

La dinámica de las elecciones internas en los grandes partidos, Colorado y Liberal, generando la motivación de la competencia en el pueblo, fue reduciendo el atractivo de estos grupos políticos pequeños, que respondieron inventando un mecanismo que les permitió integrar listas con el expediente de la “alianza” que asigna lugares en las listas a “aliados” sin votos.

En diciembre de 2022, Tito Saguier que integraba el grupo de Efraín Alegre en el PLRA obtuvo unos 14 mil votos preferentes en la interna en una lista que obtuvo unos 260 mil votos; Rafael Filizzola que encabezaba la lista única en el Partido Demócrata Progresista obtuvo cero (0) votos en la suya donde hubo unos 260 (doscientos sesenta) participantes.

Aunque en las elecciones generales Tito obtuvo apenas unos siete mil votos preferentes frente a los 28 mil que tuvo Rafa, por los que es senador legítimo, cabe preguntar si la “alianza” justifica o no que los liberales sacrifiquen a sus propias figuras por personalidades sin votos en las internas de ellos.

Lo de Rafa salió bien. Pero fue un riesgo cuyos resultados nunca estarán asegurados, corrido sólo para integrar en las listas liberales a delegados de cúpulas oligárquicas amigas, minando la identidad liberal y puenteando el propósito democratizador del sistema de internas y retrotrayendo la situación a lo que se quiso superar en 1990.

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