Es una predicación de Jesús, conocida como el “Discurso del Envío a la Misión“, pues Él llama a los apóstoles, los instruye, les da poder y los envía.
Ser enviado por Jesucristo y ser misionero es deber de todo bautizado. La razón de este compromiso es que Él, “al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.”
Ahí se manifiesta la sublimidad del amor cristiano: en el compromiso con quienes están agobiados por distintas razones; en aceptar el mandato del Señor y vencer la indiferencia, que nos ahoga como una herrumbre demoledora.
Jesús llama por el nombre para significar que no se trata de una casualidad: cada uno debe sentirse convocado personalmente por Él y aceptar la convocación. Ser misionero del amor y de la justicia no es fácil, pues los criterios del mundo enaltecen el éxito y la riqueza.
Sin embargo, el bondadoso Maestro nos fortalece en esta batalla y nos da poder para expulsar los espíritus impuros y curar las enfermedades.
Los “espíritus impuros” que existen a nuestro alrededor son variados y engañosos. Vemos personas apáticas que solamente saben criticar a los demás y tomar pastillas para mantenerse tranquilas; hay también quienes se dejan dominar por el alcohol y causan lamentables accidentes.
Están, además, los corruptos, que no tienen reparo en robar cuanto pueden, sin ninguna consideración por el bien común, atrapados en una horrenda codicia. A todos ellos hay que anunciarles que los valores del Reino de los Cielos son superiores a esto, están al alcance de sus manos y son capaces de purificar el corazón.
Pero Jesús también nos advierte que la cosecha es abundante y los trabajadores son pocos. Esto expresa que los bautizados deben ser promotores de la vocación a la vida religiosa y sacerdotal, hablando de esta opción con sus familiares y conocidos.
Igualmente, deben sentirse responsables de la formación y el sostenimiento de los jóvenes –varones y mujeres– en su camino de entrega al Señor y a la Iglesia.
En la encíclica “Magnifica humanitas”, el papa León habla sobre la protección de la persona humana, que no puede ser reducida a un dato, a un algoritmo o a una función económica. Ser un misionero dinámico y fraterno significa mostrar que todos debemos ser defensores de la dignidad de cada ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios.
Paz y bien
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