Además, están los problemas íntimos de cada uno, como ciertos traumas que llevamos desde hace muchos años y que no conseguimos resolver debidamente mediante el perdón y la reconciliación, la sensación de soledad que se repite y tantas otras dificultades. Si no estamos atentos, estas situaciones pueden alejarnos del Señor o darnos la ilusión de que no necesitamos acercarnos a Él porque nos bastamos a nosotros mismos: es la loca autosuficiencia.
Hay que buscar solución a estos desafíos, y en esta búsqueda disponemos de caminos razonables y de caminos estúpidos.
Seguramente, de nada sirve ahogarse en la bebida, pasar días y noches trabajando como buey alquilado, vomitar culebras y lagartos contra propios y extraños, hundirse en la pereza, acostarse con gordas y flacas o comprar la mitad de un shopping. La decisión más acertada es acercarse a Jesucristo y, con un corazón sincero, depositar en su corazón los dramas que tenemos que vencer. Debemos aprender a dialogar con el Señor y a buscar momentos de silencio para escucharlo.
Él es muy receptivo y sostiene: «Vengan a mí todos». Esto significa que nadie está excluido de su protección. Sin embargo, también es claro cuando dice: «Vengan a mí», es decir, no se alejen de mí, no se olviden de mí y no me cambien por cualquier internet, por cualquier red social o por cualquier egoísmo que atrapa y despista. Asimismo, establece un criterio importante para recibir su consuelo: aprender de Él, que es paciente y humilde de corazón.
Cuando vamos al Señor y lo buscamos sinceramente, entendemos que debemos ser más humildes; no hemos de asumir actitudes de supuesta superioridad con relación a los demás ni manifestar una fría indiferencia.
Igualmente, tratemos de ser más pacientes y ejercitemos la virtud de la tolerancia, pues el Señor nos asegura que así encontraremos alivio para nuestras ansiedades.
La invitación de Cristo: «Vengan a mí» se repite especialmente cada domingo, cuando tenemos la feliz oportunidad de ir hacia Él, de encontrarlo en la Misa y de recibirlo mediante una comunión bien hecha. El Señor viene a nosotros; ahora, nosotros tenemos que ir hacia Él.
Paz y bien
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