Lo que se negoció por el perdón

Hay distintas versiones sobre cómo logró la administración de Santiago Peña que el Gobierno de los Estados Unidos levantara las sanciones políticas y económicas que le habían aplicado a su único líder, Horacio Cartes, y que le permitieron recientemente recuperar su visa y viajar de nuevo a ese país.

Uno de los compromisos que asumió Peña, siendo ya candidato a presidente, fue modificar la situación en que estaba el jefe de Honor Colorado tras ser declarado significativamente corrupto por el Departamento de Estado de la potencia del Norte. Dicho compromiso no fue público, obviamente.

Comentan que, el hecho de no haber novedades hasta llegar casi al segundo año de gestión de Peña, molestó a Cartes y eso motivó varias críticas a la gestión de su ahijado político.

Finalmente, fue Gustavo Leite la persona justa a quien podían encargar el trabajo de levantar las sanciones de los Estados Unidos.

Leite ya había venido operando a nivel internacional con varios líderes de ultraderecha, como Víktor Orban, de Hungría, y Santiago Abascal, de España. El objetivo era mostrar que quienes estaban en el poder de nuestro país se ubicaban “del lado correcto” dentro del orden político-económico actual del mundo.

Paraguay, como país pequeño, no tenía mucho para ofrecer a cambio del perdón a Cartes, más que un alineamiento ciego y sumiso. Y eso, según parece, fue lo que hizo y convenció a la administración de Trump.

La decisión sobre este alineamiento como política del Estado paraguayo bajo este gobierno, lo expresó claramente Leite, inclusive previamente a convertirse en embajador ante Estados Unidos, en una entrevista periodística en la que lanzó algunas definiciones muy claras sobre el papel que le cabía a nuestro país en el “nuevo orden”.

“El mundo ya no será el mismo después de esta segunda presidencia de Donald Trump”, llegó a decir Leite.

Este panorama revela que el cartismo tiene evidentemente planes a largo plazo, vinculados a cuestiones económicas y políticas internacionales. Para eso debe seguir en el poder por más de dos periodos presidenciales, como mínimo.

Y eso lleva a calcular qué cosas estarían dispuestos a hacer para cumplir sus objetivos.

Asimismo, a preguntarse cuál es la alternativa política que plantean, no solamente los diversos partidos de la oposición, sino todas las fuerzas políticas que están a favor de defender la vigencia de la democracia pluralista en nuestro país.