Un buen negocio

Con las tres parábolas de hoy completamos un total de siete, que constituyen el “Discurso de las parábolas”, sobre el cual empezamos a reflexionar hace dos domingos.

Jesús narra las parábolas del tesoro escondido, del comerciante de perlas finas y de la red que se echa al mar.

El título es muy sugestivo: “Un buen negocio”, pues todos queremos hacer buenos negocios, ganar dinero, salir adelante y asegurar la vida.

Sin embargo, el camino hacia el éxito es resbaladizo y, si uno no está atento, en vez de asegurar la vida, puede arruinarla de manera desastrosa. Las tentaciones del mundo son fascinantes; pueden despistarnos con facilidad, y los ídolos son astutos y malignos.

Precisamente para evitar que sus discípulos sean engañados, Jesús habla del tesoro escondido en el campo. La persona que lo encuentra no duda en vender todo lo que tiene para comprar aquel campo. Es interesante notar que, en este caso, se trata de un hallazgo inesperado.

En cambio, en la parábola del comerciante que busca perlas finas, el hallazgo es el fruto de una búsqueda perseverante.

Hay dos características comunes en estas dos parábolas: ambos protagonistas terminan llenos de alegría y ambos cambian todo lo que poseen por la nueva riqueza encontrada.

Es decir, para hacer el mejor negocio de nuestra vida hay que tomar una decisión valiente: los valores del Reino de Dios son más importantes y, cuando hay conflicto de intereses, los del Reino deben prevalecer.

Ahora nos toca llevar estos principios de Jesucristo a la vida concreta.

En primer lugar, está la sabiduría de ir más allá del aspecto material de la existencia. Debemos descubrir la belleza de vivir como hijos de Dios, hasta convencernos de que vale la pena renunciar a ciertas cosas con tal de cultivar una auténtica amistad con el Señor.

En otras palabras, permitir que Dios sea mi amigo y vivir yo como su amigo.

Sabemos que la amistad supone un diálogo constante, exige sinceridad y requiere que, de vez en cuando, uno se deje a un lado para acercarse más al amigo. No consiste en querer utilizar al otro, sino en discernir con él las mejores opciones.

El Señor siempre es fiel al brindarnos su amistad, porque Él sabe que únicamente en ese clima lograremos hacer el mejor negocio de nuestra vida. No ser su amigo es perder el tesoro, el rumbo y la alegría.

Celebremos, en un ambiente de fiesta, este 30 de julio, sin olvidarnos de Aquel que es nuestro mejor Amigo: salúdelo participando en la santa Misa.

Paz y bien