Aunque ambos ya se encontraban disfrutando de su jubilación y de sus seres más cercanos en los últimos años, a varios nos tocó la alegría de conocerlos y valorar el gran trabajo que hicieron por muchos años.
Jesús estuvo en ABC Color desde su fundación, era sagaz y asertivo, un crítico multifacético de arte en todas sus expresiones. Era muchas veces duro con los inoperantes y holgazanes. Tenía una manera clara y muchas veces sarcástica de responder, pero siempre con su notoria educación.
La Polilla azul o Crónicas de un terráqueo eran algunos de los espacios en donde podíamos disfrutar de las palabras que escogía para la alegría del lector. La manera en que recordó a Jorge Aiguadé tras su partida, describiendo una anécdota en la que cayó de su silla de ruedas y comentó que le emocionó hacer por primera vez una vuelta carnero, es para mí, inolvidable.
En una ocasión le tocó hacer “un milagro”. Se encontraba por la calle cuando observó que una persona, aparentemente con una discapacidad física que le impedía caminar, pedía limosnas en un semáforo. Cuando cambiaban las luces y el tránsito avanzaba la persona en cuestión caminaba con normalidad. Fue así que empuñó su cámara de fotos -no hace falta decir que en esos tiempos no era la cámara del celular, sino una bastante notoria- y logró captar la escena de dicha persona huyendo presurosamente, y no solamente podía caminar, ¡también correr! Esa anécdota se convirtió en una tapa del diario bajo el título “el milagro de Jesús”.
Don Rigo, como le llamábamos sus compañeros, era un ser humano extraordinario, era de esos hombres que disfrutan del viaje y no se apuran por llegar a destino. Tuve la gran alegría de trabajar con él en el Suplemento Rural y de conocerlo en sus múltiples facetas de redactor, locutor radial, consejero, gran promotor de la producción caprina y de la lombricultura. Nos contaba que el director, Aldo Zuccolillo, lo quiso conocer y le propuso integrar el equipo de ABC Rural luego de escucharlo en un programa radial en el que ofrecía consejos útiles a los pequeños productores del campo.
Será difícil olvidar su calidez y sentido del humor destacado, pero tampoco podré olvidar la vez que una persona llamó equivocadamente a su celular confundiéndolo con su hijo -que también lleva el mismo nombre- y don Rigo le dijo que no le pida disculpas, porque para él era un honor ser confundido con alguno de sus hijos. Así de humilde, pero a la vez gigante.
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