Deudas invisibles que el Censo Indígena 2022 nos invita a mirar

Hay realidades que forman parte de un país y, sin embargo, no siempre están presentes en la mirada cotidiana de buena parte de su población. La situación de los pueblos indígenas es una de ellas.

Los 19 pueblos indígenas que habitan Paraguay son una presencia viva que forma parte de nuestra identidad, nuestras lenguas, nuestros conocimientos y nuestra diversidad cultural. Reconocer esa presencia supone también conocer mejor sus aportes y las desigualdades que todavía condicionan a sus comunidades.

En ese sentido, contar con datos de calidad importa, pues aquello que permanece invisible corre el riesgo de quedar fuera de las conversaciones sobre el desarrollo, la igualdad y los derechos.

El IV Censo Nacional de Población y Viviendas para Pueblos Indígenas, realizado en 2022 por el Instituto Nacional de Estadística, representa un paso significativo: alcanzó a 791 comunidades, aldeas y barrios en 14 departamentos y la Capital. El cuestionario fue validado con representantes de los pueblos indígenas y el relevamiento se realizó en las propias lenguas, con equipos de encuestadores y coordinadores integrados mayoritariamente por personas indígenas.

El Censo nos permite saber que en Paraguay viven alrededor de 140.000 personas indígenas, pertenecientes a 19 pueblos. Es una población mayoritariamente joven: el 38% tiene menos de 15 años y la edad promedio es de 23,9 años. Esta realidad representa una oportunidad para el presente y el futuro del país.

Sin embargo, al observar las brechas, se evidencia que, en salud acorde a la Encuesta Permanente de Hogares, mientras cerca del 30% de la población paraguaya cuenta con algún tipo de cobertura médica, entre la población indígena alcanza solo al 19,1%. La desigualdad se profundiza entre las mujeres indígenas, quienes tienen menor cobertura, y se presentan además importantes diferencias territoriales que condicionan el acceso a los servicios. En educación, si bien el 80,4% de la población indígena de 15 años y más sabe leer y escribir, frente al 94,9% del total del país, el promedio esconde profundas diferencias entre los pueblos: la alfabetización alcanza al 93,3% entre los Guaraní Occidental, pero apenas al 42,5% entre los Manjui. Por otra parte, en algo tan esencial como el agua, solo el 23,5% de las viviendas indígenas tiene acceso a agua potable, con situaciones particularmente difíciles en algunos territorios.

Estos datos no describen una realidad homogénea, al contrario, nos permiten ver las diferencias entre pueblos y territorios, y comprender que detrás de un promedio nacional pueden coexistir situaciones muy distintas.

También permiten reconocer la gran riqueza cultural que permanece viva. La caza, la pesca, la recolección y el cultivo continúan formando parte de la vida de muchas comunidades, junto con conocimientos y prácticas transmitidas entre generaciones. La artesanía tiene una presencia significativa y, en numerosos pueblos, una participación predominantemente femenina. Las lenguas muestran situaciones diversas: mientras algunos pueblos mantienen niveles muy elevados de uso de sus lenguas propias, otros enfrentan un desplazamiento lingüístico que plantea desafíos para su preservación.

Hacer visibles estas realidades significa reconocer la presencia, los aportes y la diversidad de los pueblos indígenas. Detrás de cada porcentaje hay niñas y niños que están creciendo, jóvenes que construyen sus proyectos de vida, mujeres que sostienen familias y comunidades, conocimientos que se transmiten y lenguas que buscan seguir vivas.

Identificar con evidencia las desigualdades que todavía condicionan el ejercicio pleno de sus derechos puede contribuir a avanzar hacia un país donde la diversidad que nos define se traduzca también en igualdad de oportunidades. Porque conocer permite valorar y dar lugar, en el presente y en el futuro del país, a todos los pueblos que lo conforman.

Representante Nacional del UNFPA en Paraguay