Voto castigo

Son tan alevosos como previsibles. Santiago Peña convocó a toda la prensa el viernes último a Mburuvicha Roga para agasajar al team paraguayo que participó exitosamente en los juegos suramericanos 2026. Y no es que nuestros atletas no se merezcan el reconocimiento, todo lo contrario; lo deleznable fue la manipulación electoral del asunto.

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Los juegos terminaron el 26 de setiembre, el 29 Peña retornó al país de su viaje, pero, muy convenientemente, el reconocimiento se hizo recién 48 horas antes de las votaciones.

Camilo Pérez estuvo presente en doble rol: como presidente del Comité Olímpico Paraguayo y, ¡caramba!, que “coincidencia”, como aspirante a intendente de Asunción. Nuestras sospechas de manipulación aumentaron con la amabilidad de Peña rodeado por la prensa: respondió una pregunta tras otra a nuestra compañera Mariela Fretes apenas dos días después de haber maltratado a nuestro compañero Omar Henry (por hacer más de una pregunta). Tanta buena disposición era sugestiva.

Nuestras sospechas pronto se confirmaron. Con el candidato colorado a su lado, Santiago Peña se paseó por la cornisa de la veda electoral y vaticinó que su candidato tendrá hoy una gran victoria.

El entusiasmo presidencial nos obligó a recordar cual es la capital del Paraguay que dejan los colorados: desviaron 500.000 millones de guaraníes de bonos destinados a obras. La mafia del asfalto pavimentó propiedades privadas y hoy no tienen rubros para cerrar cráteres de calles asuncenas. En medio de la pandemia, al acusado ex administrador municipal Wilfrido Cáceres le brotaron lujosos inmuebles y bienes con sospechas de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. El propio Santiago Peña designó como interventor de la comuna a Carlos Pereira, quien más tarde denunció ante la Fiscalía un demoledor reporte. Antes, la mismísima Contraloría encabezada por su correligionario Camilo Benítez comprobó irregularidades y denunció también ante el Ministerio Público.

Nuestra democracia es de mala calidad por culpa de una ausente educación civica y moral que nos recuerde que cada vez que votamos deberíamos elegir. Lo bueno por sobre lo malo. El bienestar por sobre la precariedad. El bien sobre el mal. Premiar a los decentes por sobre los ladrones. Condecorar los buenos resultados y pulverizar los malos. Votar a unos y botar a otros.

Que hoy el Paraguay entero se vista de rojo, blanco y azul. Que pesen más la decencia y el trabajo que los colores partidarios. Que premiemos las buenas gestiones y castiguemos a quienes administraron caos, robos, planillerismo y desdén por la cosa pública, donde sea que haya ocurrido.

Cinco años de plagueos merecen una respuesta en las urnas. Porque cada voto que premia el desastre les da permiso para volver a repetirlo.

mabel@abc.com.py