Los fantasmas y sus sábanas

Le pregunté, en ABC TV, al diputado Pastor Vera Bejarano, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) por San Pedro, qué le parecería que alguien proponga volver a discutir el voto de las mujeres.

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Coincidimos en que sería un disparate porque el voto de las mujeres es un derecho inalienable que, sin embargo, muchísima gente discutió por décadas.

Pero peor que un disparate, volver a discutir eso sería la propuesta de algún autoritario transnochado buscando eliminar a la mitad del electorado con el fin de restringir la participación popular en el gobierno.

Un grupo del PLRA propone algo idéntico: Volver a discutir el derecho de los afiliados a elegir, que tenemos ahora mediante el desbloqueo de listas y el voto preferencial, a los candidatos y a los administradores del partido para restablecer las listas “sábana” o, como le llaman los que quieren despojarte, las listas cerradas bloqueadas.

Quieren derogar el derecho a elegir de los afiliados para restablecer el poder de los caciques de imponer en listas, elaboradas en la oscuridad cerrada entre cuatro paredes, la presencia en los órganos de representación y administración de personas sin pueblo, leales a caciques y a sus intereses, y no a la gente.

La imagen que proyecta el PLRA abriendo esa discusión reaccionaria no puede ser peor: La de una organización que teme los derechos populares para beneficiar a las peores castas de la oligarquía nacional.

Los “politólogos” que merodean por el PLRA con esta propuesta antiderechos, fascista, la disfrazan de reflexión gua’u “intelectual” esgrimiendo principalmente un librejo de Giovani Sartori (“Ingeniería constitucional comparada. Una investigación de estructuras, incentivos y resultados”) en el que propone que las listas “sábana” mejoran la “disciplina interna” ya que los legisladores dependen del partido para ser reelegidos; otorga a las dirigencias de los partidos el control sobre quién ingresa y el orden en las listas y permite a la cúpula seleccionar perfiles técnicos o minorías “que no ganarían en votaciones individuales”.

Como se observa fácilmente, ninguno de los argumentos de Sartori es democrático: Disciplina, control sobre representantes del pueblo y privilegio para “minorías” sin pueblo. Lo deshonesto es que Sartori lo propone a sabiendas, porque lo reconoce expresamente, de que su propuesta implica el riesgo de la “partidocracia”, “oligarquías cerradas o clubes de dirigentes”.

Los “politólogos” que merodean por el PLRA obedecen, en realidad, porque son onegeceros globalistas, fascistas, las “recomendaciones” de la misión de observación electoral de la dictadura autodenominada Unión Europea para nuestro país, firmada por el español Gabriel Mato.

Espero que en el PLRA triunfe el sentido de compromiso con la democracia y con el afán de ampliar los derechos; no de restringirlos para beneficiar a sinvergüenzas que creen tener derecho a gobernar porque tienen “títulos” académicos.

evp@abc.com.py