El problema termina siendo, principalmente para el “apoyado”, ya que este espaldarazo está lleno de mal disimulada soberbia, y la generosidad así ofrecida puede terminar en un naufragio: más que salvavidas, atan piedras a las piernas del candidato o movimiento al que mal pretenden apoyar.
Para ejemplo, tomemos el caso de nuestro enorme vecino. Un par de meses atrás, Javier Milei visitaba Brasil para apoyar explícitamente a la familia Bolsonaro y la candidatura de Flávio para la presidencia. Con su estilo característico, hizo declaraciones estridentes que cayeron mal en un sector amplio de la población.
Estas y otras poco felices declaraciones del greñudo presidente argentino fueron, como era de esperarse, aprovechadas al máximo por Lula, que sabe por viejo, por zorro y por diablo. Agarró todas las expresiones, las mezcló con pericia de truquero de bar de mala fama y las repartió “para todo el país” dando al contenido un tinte nacionalista y patriótico. En este caso, la línea ideológica de Milei, por la forma y tono en que la expresó, terminaron siendo un gol en contra -y bien chutado- al arco de Bolsonaro.
Este fenómeno no conoce de fronteras, y se puede observar que se repite hacia donde sea que uno fije la atención. Donde se dispute una migaja de poder, habrá indefectiblemente un Juan de lo Palotes que se abra paso para tratar de salir en la foto. Desde candidatos que ya perdieron cantidad de veces hasta líderes que tuvieron su momento, pero ansían volver por aquello de “lo más complicado de no estar en el poder es que no te abran el paso en la calle” (sic, palabras pronunciadas por un Senador). Estos personajes tienen que aprender a no meterse a “ayudar” donde en realidad estorban, así como los delfines políticos -por lo menos si quieren hacer bien las cosas- tienen que aprender a sacudirse de estos lastres.
Mientras tanto, aspiramos con los pulmones felices estos vientos de renovación que como empiezan a soplar sobre nuestra geografía cívica paraguaya, prometiendo principalmente caras nuevas e ideas frescas, como también la ilusión válida de que estamentos consolidados recapaciten y muten para mejor. Cuando de repente, nos damos de narices contra una muralla…
Veníamos como satisfechos del entierro de una partecita del pasado, y de repente lo vemos a Efraín Alegre agitando banderas y promocionando una nueva candidatura. Esta vez, nuevamente una banca en el Senado, por cuenta y cargo del pueblo paraguayo. Mucho que agregar no hay, bastaría con tener un poco de paciencia, mirarle a la cara y pedirle con amabilidad “¿te podés correr por favor? No te queremos en la foto”