En el siglo XVIII, indagando acerca de la jerarquía de los sexos, la francesa Olympe de Gouges comienza a dar salpicones de la primera ola del feminismo con su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, con la que cuestionaba la no inclusión de féminas en los tratados escritos durante la Revolución Francesa. Reclamar justamente un espacio y exigir igualdad de condiciones ante la ley ya era, de por sí, un signo de rebeldía mal visto por muchas personas de la época.
La segunda ola trae consigo el deseo de habilitar al “segundo sexo” el derecho al voto para elegir a los gobernantes y, junto con años de lucha en Inglaterra y varias promesas incumplidas, las sufragistas iniciaron una enérgica lucha en la que buscaban hacerse escuchar a través de huelgas de hambre, vidrios rotos y paredes pintadas. Estas protestas representan, muchas veces, el modelo de feminismo que personas ajenas a la causa social usan para desprestigiar los medios de expresión actuales, sin contemplar que este emblemático período histórico derivó, incluso, en la muerte de algunas militantes.
Para la década de los 60, pese a haber conseguido el voto en algunos países, el movimiento feminista continuó su proceso de crecimiento y se enfrentó a desigualdades sociales como la discriminación de las mujeres de diversos orígenes étnicos y clases sociales.
Se encuentra en debate la existencia de una cuarta ola, que sería la que se desarrolla en el presente, ya que muchas personas señalan un cambio en el movimiento a partir de la segunda década de este siglo.
Actualmente, la lucha se da en contra de la violencia de género en toda su extensión y las mismas críticas que aparecían en los primeros años de la corriente vuelven a aflorar hoy. Así pues, casi cuatro siglos de lucha feminista no fueron suficientes para cambiar totalmente la visión de inferioridad hacia el género femenino y, aún cuando las reivindicaciones propuestas son sensatas, el pensamiento de que “no es la manera de protestar” se presenta como una barrera a un cambio mayor.
Las mujeres ya consiguieron el voto y pueden estudiar en las universidades, pero la lucha no termina ahí, pues aún hay féminas oprimidas en Oriente Medio y víctimas mortales de la violencia de género en cada rincón del mundo; además, el acoso laboral y la brecha salarial acechan a las mujeres en su lucha por el autosustento.
La situación actual no presenta la equidad deseada y, en vista de que cada movimiento se confronta con el mal de su época y lo hace de la manera que considera más apropiada, la histórica lucha feminista sigue vigente.
Por Belén Cuevas (17 años)
