Sin capas, pero con casco y coraje, bomberos se convierten en héroes

Sin poderes protectores, pero con cascos como escudos, los bomberos viven sus días entre incendios y desastres, luchando contra el peor villano de todos: la indiferencia de las autoridades. Con coraje, estos superhéroes apagan llamas y salvan vidas.

Abnegación, valor y disciplina son las palabras que resaltan en el escudo de unos héroes, que acuden siempre uniformados ante el fuego abrasador.
Abnegación, valor y disciplina son las palabras que resaltan en el escudo de unos héroes, que acuden siempre uniformados ante el fuego abrasador.ABC COLOR

Abnegación, valor y disciplina son las palabras que resaltan en el escudo de unos héroes, que acuden siempre uniformados ante el fuego abrasador. Nunca antes los citados valores habían representado tan bien la realidad de estas personas que, con el distintivo amarillo, rojo o azul, ofrecen su valerosa ayuda, pese a recibir solo migajas de las autoridades.

Con un traje, que los protege mientras van ingresando a un verdadero infierno, y un casco como su único escudo ante las llamaradas asfixiantes, el cuerpo de bomberos, tanto de la Policía Nacional como los Voluntarios, se abre paso ante el intenso calor para tratar de aminorarlo con su carro hidráulico, arma indispensable en sus misiones.

Los superhéroes de la talla del Capitán América o Spiderman quedan cortos ante los incesantes trabajos de los miembros del cuerpo de bomberos que, sin poderes o una capa ondeando en la espalda, son unos superhombres luchando contra el peor villano de todos: la inconsciencia.

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A través de las redes sociales y diferentes medios de comunicación, muchos fueron testigos de la agonía que sufrieron nuestros recursos naturales. Así, sin dar abasto, pero tratando de reducir el avance de las incontrolables llamas, grupos de bomberos recurrieron a la voz de auxilio de la Madre Tierra, acallada por focos de incendios que la iban devorando.

Sin contar con un salario o ayuda del Estado, a diferencia de los bomberos de la policía, los voluntarios trabajan a puro pulmón y con una máxima difícil de cumplir para muchos: el coraje. Como dice una foto que recorrió las redes sociales: “Los bomberos deberían contar con sueldos y los parlamentarios tendrían que ser voluntarios”.

Los compromisos y obligaciones, estipulados en sus juramentos, son obstáculos suficientes para vivir sus días como cualquiera de nosotros. Tal es el caso de Ángel Núñez Martínez quien, entre el intenso fuego del Parque Guasu, en lugar de apagar las velas de su torta de cumpleaños número 43, decidió aminorar las llamaradas del predio natural.

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Por otro lado, como una queja ante las felicitaciones del presidente Mario Abdo Benítez en las redes, el bombero Diego Lugo comentó en la publicación del mandatario: “Estamos con ustedes decís pero, ¿quién nos acompaña los 365 días del año, mientras suplimos una función del Estado? Danos lo básico para seguir sirviendo como lo juramos porque nosotros, señor Presidente, sí somos fieles a nuestro juramento”.

Llevando trajes azules, rojos o amarillos, estas personas son la máxima prueba de humanidad y solidaridad que se pueda conocer, pero la indiferencia de las autoridades y la falta de ayuda para mantenerse económicamente generan en estos héroes un hastío más asfixiante que el desesperante calor al que se enfrentan constantemente. El 4 de octubre fue el Día del Bombero pero, ¿no se merecen algo más que un simple recordatorio anual?

Por Macarena Duarte (17 años)

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