Necesito dinero rápido, ¿y si juego al bingo o el póquer?

Este artículo tiene 9 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Los juegos de azar con los amigos son buenas maneras de diversión y de ganar algún dinero extra. Sin embargo, apostar todo tu sueldo o tu auto en una noche ya es preocupante; incluso, podés ser un enfermo de ludopatía, algo muy peligroso.

El bingo, las cartas, la quiniela y la ruleta, entre otros, son juegos de azar en los cuales las posibilidades de ganar o perder no dependen exclusivamente de la habilidad del jugador, sino que, habitualmente, interviene "la suerte". En un principio, se inventaron para diversión de la gente pero, con el tiempo, las personas transformaron el entretenimiento en una necesidad, como la de ir todos los días a un casino.

La mayoría de los juegos de azar son también de apuestas, en los cuales, para que el premio sea más grande, depende del grado de dificultad en la probabilidad de acertar. Es decir, mientras menor sea la expectativa de vencer, el premio será mayor, lo que crea una especie de fiebre para las personas aficionadas.

A veces, los juegos son beneficiosos para algunos, ya que si uno tiene “suerte” puede convertirse en un instante en millonario. Ya son varios los casos de personas que ganaron muchísimo dinero por medio de las apuestas; en el país, por ejemplo, gracias al bingo o la lotería muchos cambiaron sus vidas.

La tendencia de “invertir” dinero en los juegos de azar se ha convertido en moda, porque es una forma rápida y fácil de ganar plata, siempre y cuando la fortuna te acompañe. Sin embargo, quién no escuchó la historia de un tío o de algún conocido que perdió todo su sueldo en una noche de casino o en una ronda del famoso póquer.

“Mamá, gané 20.000 guaraníes en el tragamonedas” es una frase que parece tan inofensiva, pero el problema surge cuando uno supera el nivel de diversión y se convierte en adicto. La necesidad de apostar constantemente transforma al jugador en un enfermo de ludopatía, que es la inclinación patológica hacia los juegos de azar. Quien la padece no puede vivir sin jugar todos los días.

La diversión nunca será mal vista desde ninguna perspectiva; por eso, los juegos en los que interviene la suerte no son inventos malos. Sin embargo, cuando uno supera ese nivel de entretenimiento y los utiliza como una forma habitual de generar dinero, arriesgándose a perderlo todo, es cuando se convierte en una enfermedad.

El vicio afecta hasta a los seres queridos porque, en vez de gastar el sueldo en las necesidades cotidianas de la vida, lo tiramos en unas horas de casino.

Por eso, si te gusta jugar a la quiniela, al bingo o al truco con los amigos, tratá de ser responsable, porque padecer de ludopatía resulta peligroso. Incluso, algunas familias lo han perdido todo por culpa de algún padre, madre o hijo jugador empedernido.

Por Joaquín Tandé (18 años)