Si querés una casa propia, debés pasar por el costoso camino del endeudamiento

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Al sobrepasar la mayoría de edad, los jóvenes empezamos a darnos cuenta de que no es posible vivir en casa de los papás por siempre. Ya es momento de alzar vuelo y buscar, por lo menos, algunas piezas en alquiler para salir del nido familiar.

Muchos millenials prefieren ganar experiencias significativas, ya sea en conciertos, espectáculos o viajes para explorar el interior del país o incluso el mundo, por encima de los bienes materiales como un departamento o un auto; no obstante, algunas personas siguen teniendo el sueño de tener una casa propia, principalmente, porque vivir en alquiler ya no resulta cómodo ni económicamente conveniente.

Existen dos opciones posibles: comprar una vivienda totalmente terminada o empezar de cero, al adquirir un terreno y, posteriormente, cuando se pueda, construir la casa adecuándose a las necesidades de cada uno. En cualquiera de los casos, es imprescindible invertir mucho tiempo de planificación y dinero para materializar el sueño de tener una casa propia.

Anteriormente, según nuestros papás y abuelos, era más difícil acceder a los créditos hipotecarios, pero la posibilidad de encontrar terrenos bien ubicados era mayor. Hoy en día, los bancos ofrecen préstamos para que uno pueda adquirir su vivienda con una financiación de hasta veinte años de plazo.

La mayoría de las personas busca terrenos grandes para levantar una casa de tamaño considerable con un patio en el que sea posible compartir un asado con los amigos y familia cada fin de semana. Sin embargo, la realidad ya no permite ese tipo de cosas, a no ser que uno esté dispuesto a endeudarse hasta el cuello por más de dos décadas.

Los dúplex y los departamentos son otra alternativa de menor tamaño que, lastimosamente, también tienen precios bastante elevados. Vivir sobre la calle Santa Teresa en 110 metros cuadrados podría costar más de 150.000 dólares.

Las personas buscan opciones más accesibles para lograr el objetivo de la casa propia y buscan terrenos más alejados del centro capitalino, como en San Antonio, Capiatá, Villeta, Emboscada y otras ciudades.

La única forma de cumplir el sueño de la casa propia es cargar sobre los hombros una deuda altísima al sacar un préstamo. Los ahorros de tantos años, muchas veces, no alcanzan para levantar una vivienda digna.

En cualquiera de los casos, es necesario establecer claramente los objetivos y, basándose en ellos, ordenar las prioridades y empezar a planificar para, algún día, tener la casa propia en donde podamos hacer el tercer tiempo con los amigos después del fútbol.

Por Fiona Aquino (18 años)