Vivir solo, el sueño del pibe, pero la realidad es más dura de lo que parece

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“Por fin voy a vivir solo, sin los plagueos de mamá ni papá”, es lo que decimos cuando decidimos vivir solos. Pero no todo es color de rosa al momento de pagar las cuentas, aprender a cocinar y lavar la ropa; ahí nos preguntamos: ¿Dónde está mami?

Locura, descontrol, farra por la noche, todos los amigos reunidos, música a todo volumen y bebidas son las situaciones que imaginás que vas a hacer en el momento de vivir solo. Mamá ya no va a prohibirte nada ni te va a regañar si traés a todos tus amigos a la casa para hacer una fiesta ni tampoco te va a reclamar el volumen de la radio.

Cuando nos independizamos, tenemos que acostumbrarnos a muchos cambios porque ya no todo está servido. Al momento de dar el primer paso fuera de casa, lo único que pasa por tu cabeza es ¡libertad!, sos completamente responsable de hacer lo que quieras, no hay regaños, ni reglas y mucho menos control de horario.

Llega el primer mes de que te mudaste a tu depa; así como cumplís 30 días de estar sin mamá, también se aproximan las cuentas del agua, la luz y el internet. En ese momento te ponés a pensar que cuando vivías con tu familia no te desesperabas cuando llegaban las facturas porque papá se encargaba de eso. Saber administrar es un gran desafío que te toca atravesar y te ponés a pensar "¿cómo hacían mis padres?".

Llegás cansado de tu trabajo y lo único que querés es comer algo y dormir, pero al abrir la puerta solo encontrás un gran sarambi de la farra que tuviste anoche, tus ropas desordenadas y la cocina llena de platos sucios. En ese momento recordás cuando vivías con tu mamá, todo estaba bien ordenado y limpio, por eso no te queda otra opción que encargarte del aseo.

Muchas veces, te acordás de que tu mamá siempre lavaba tus ropas y las dejaba bien planchadas en tu cajón y, al llegar de tu trabajo, ya encontrabas una rica cena en la mesa. Pero la realidad por la que pasás viviendo solo es diferente y te das cuenta de lo mucho que extrañás el cariño de aquella mujer que por más argel que se ponía por tus desórdenes siempre te servía de la mejor manera posible y no te hacía faltar nada.

Tarde o temprano llega un momento en el que tenemos que emprender nuestro vuelo de aquel nido de mamá y papá. Aunque a muchos les parece mejor vivir solos porque pueden hacer lo que quieran, existen momentos en los que extrañarán sus comidas y lo bien que vivían en sus casas. Mamá nos ha enseñado todo, menos vivir sin ella y lidiar con la independencia es un caos en el que tardás bastante para acostumbrarte.

Por Mónica Rodríguez (18 años)