Un mal beso no siempre indica incompatibilidad, pero suele funcionar como una señal de escasa sensibilidad hacia el otro. No se trata de despliegues técnicos ni de acrobacias, sino de atención y lectura del cuerpo ajeno.
El asalto con lengua
Uno de los fallos más comentados por quienes salen a citas es el “asalto”: lengua demasiado rápida, demasiado profunda y sin ritmo. Lejos de resultar pasional, suele vivirse como invasivo.

El beso funciona como una conversación: cuando solo uno impone el ritmo, el otro se desconecta. Lo aconsejable es empezar con gestos suaves, observar la respuesta de la otra persona y ajustar la intensidad de manera progresiva.
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El exceso de saliva
La imagen del “beso baboso” aparece de forma recurrente en los relatos de citas fallidas. Más allá del chiste, es uno de los errores que más desagrada.
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La causa suele ser una combinación de nervios, respiración acelerada y movimientos demasiado amplios de lengua y labios. Tomarse micro pausas para cerrar ligeramente la boca, tragar saliva y regular la respiración puede marcar la diferencia entre un gesto sensual y una experiencia incómoda.
Ritmo descoordinado
Otro elemento que mata la pasión es la falta de sincronía. Besar muy rápido cuando la otra persona va lento, cambiar de dirección bruscamente o alternar sin sentido entre besos secos y muy húmedos genera desconcierto.
El ritmo tiene que construirse entre dos. No se trata de imponer, sino de adaptarse; observar cómo se mueve la otra boca y responder en consecuencia ayuda a encontrar un punto medio que ambos disfruten.
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Manos fuera de lugar
Aunque el foco esté en los labios, las manos pueden mejorar o arruinar el momento. Manoseos bruscos, agarrar con demasiada fuerza la cara o el cuello, o invadir zonas íntimas sin permiso cortan de raíz el clima romántico, sobre todo en un primer encuentro.
Apoyar suavemente la mano en la mejilla, la nuca o la cintura suele percibirse como contención y cercanía, siempre y cuando la otra persona no se muestre incómoda.
Falta de higiene evidente
No es el error más sofisticado, pero sí uno de los más determinantes. Mal aliento, restos de comida o un exceso de tabaco son motivos habituales para evitar un segundo beso… y una segunda cita.

La recomendación de los especialistas es obvia, pero efectiva: cepillado de dientes antes de la cita, moderar alcohol y cigarrillos y, si es posible, un chicle o caramelo sin azúcar previo al encuentro.
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La presión por “impresionar”
Detrás de muchos de estos errores se esconde la misma raíz: la presión por demostrar pasión o experiencia. Esa ansiedad suele traducirse en besos exagerados, poco atentos y, paradójicamente, nada memorables.
En un primer encuentro, menos espectáculo y más sensibilidad suele ser la fórmula más segura para que el beso francés no mate la pasión, sino que la inicie.
