El Día de los Enamorados está cerca y con él nace el dilema: ¿cómo montar una cena romántica que sea especial, rica… y no termine en una siesta forzada en el sofá? La clave, apuntan nutricionistas, está en elegir alimentos que se digieran bien, controlar las raciones y evitar picos bruscos de azúcar y alcohol que roban energía.
El enemigo íntimo: la digestión pesada
La combinación clásica de grasas, fritos, azúcares y alcohol ralentiza el vaciado gástrico y dispara la somnolencia.

Tampoco ayuda llegar con demasiada hambre: provoca que comamos rápido y en exceso. Un pequeño snack saludable a media tarde (frutos secos naturales, yogur, fruta) permite cenar con más calma y mejor control.
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Conviene evitar platos muy grasos (salsas con nata, frituras, rebozados), raciones gigantes de carne roja y combinaciones muy pesadas de hidratos y grasas (pizzas muy cargadas, lasañas, gratinados).
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Entrantes que suman, no restan
Los entrantes deberían abrir el apetito sin saturar. Las verduras son aliadas, siempre que no se acompañen de exceso de grasa.

Ensaladas con hojas verdes, frutas frescas (manzana, granada, cítricos) y un puñado pequeño de frutos secos o semillas funcionan bien. Mejor aliñar con aceite de oliva, limón o vinagre suave y moderar el queso curado o los embutidos.
Las cremas ligeras de verduras (calabaza, calabacín, zanahoria) son otra buena opción si no se abusa de la nata ni de los quesos grasos. Las sopas muy saladas o muy especiadas pueden provocar hinchazón o sed excesiva durante la noche.
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Plato principal: ligereza con sabor
Para el plato fuerte, la combinación ganadora es proteína magra + verdura + una ración moderada de hidratos complejos.

Pescado al horno o a la plancha, marisco sencillo, pollo o pavo sin piel, tofu o legumbres suaves (como un hummus casero) resultan más fáciles de digerir que un chuletón o un guiso muy graso.
De guarnición, verduras salteadas, al vapor o asadas con aceite de oliva y hierbas aromáticas, evitando salsas pesadas.
Los hidratos (arroz integral, quinoa, patata asada o pan de calidad) deben estar, pero en ración pequeña: aportan energía sostenida sin sensación de atiborramiento.
Mejor evitar las montañas de pasta con salsa cremosa si la prioridad es llegar ligero al “segundo tiempo” de la cita.
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Alcohol, pan y postre: cómo acertar
El alcohol en exceso es uno de los grandes saboteadores de la intimidad: aumenta la desinhibición a costa de empeorar la respuesta sexual y fomentar la fatiga.

Lo recomendable es, como máximo, una copa de vino o cava y acompañarla siempre de agua. Beber despacio y alternar sorbos de agua ayuda a no pasarse.
Con el pan, mejor calidad que cantidad: un par de rebanadas de pan integral o de masa madre, en lugar de repetir sin medida de barra blanca caliente.
En el postre conviene priorizar opciones con fruta y raciones pequeñas: una mousse ligera, un coulis de frutos rojos, un helado de buena calidad o un trozo de chocolate negro (a partir de 70 % cacao) pueden cerrar la cena sin provocar un “subidón” de azúcar seguido de bajón.
Compartir el postre es una forma sencilla de reducir cantidades sin renunciar al placer.
El factor horario y el ambiente
Cenar demasiado tarde y de golpe favorece el reflujo y el malestar. Dejar al menos dos horas entre el final de la cena y el momento de ir a la cama —o al encuentro íntimo— mejora la digestión y el confort.
La mesa también cuenta: comer sin prisas, masticar bien, evitar el celular y bajar el ruido reduce el estrés digestivo. Al final, la mejor receta para esquivar el “efecto bajón” combina un menú ligero y sabroso con lo realmente importante: atención plena en la compañía, no en la pesadez de estómago.
