7 de junio de 2026
Cuando una persona contrata un seguro, rara vez piensa que está celebrando un contrato jurídico complejo. En la mayoría de los casos, lo que busca es algo mucho más simple y humano: sentirse tranquilo. Quiere saber que, si ocurre un accidente, un incendio, un robo, una enfermedad, una demanda o la muerte de quien sostiene económicamente a la familia, no quedará completamente solo frente a las consecuencias. Por eso, aunque técnicamente se contrata una póliza, en la práctica muchas veces se compra tranquilidad.