14 de mayo de 2026

No hace falta “tener una hora libre” para cuidar el corazón. La evidencia sugiere que pequeñas dosis de actividad —10 minutos bien usados— pueden sumar beneficios reales en presión arterial, capacidad aeróbica y energía diaria. Y sí: cuenta aunque sea entre reuniones.

Los mitos sobre los pasos diarios están cambiando. Nuevas investigaciones revelan que la calidad del movimiento, no solo la cantidad, es clave para la salud articular y cardiovascular. Este enfoque dinámico transforma nuestra relación con la actividad física.

Investigaciones recientes revelan que la actividad física moderada puede retrasar la aparición de síntomas de Alzheimer hasta siete años en personas con alto riesgo, según un estudio de 14 años publicado en Nature Medicine, que analizó casi 300 casos.

Un equipo internacional de investigadores ha corroborado que los efectos de la actividad física continúan incluso cuando cesa el movimiento, y que el ejercicio incrementa el gasto energético sin que el cuerpo humano reduzca el consumo que necesita para funciones vitales, como la respiración o la circulación.

Investigadores de la Universidad de Nanjing han demostrado que el microARN del esperma transmite capacidades de ejercicio de padres a hijos, revelando mecanismos moleculares que podrían mejorar la salud metabólica de las futuras generaciones, según un estudio en la revista Cell Metabolism.