10 de junio de 2026

Un estudio de la Universidad Politécnica de Macao sostiene que los adultos podrían necesitar aumentar su actividad física más allá de las recomendaciones actuales de 150 minutos semanales para lograr una protección cardiovascular significativa, resaltando la variedad de necesidades según la condición física. Te explicamos.

Mientras el ritmo de la ciudad empieza a bajar y la temperatura desciende unos grados, muchas personas eligen el sillón y las pantallas como cierre del día. Pero para el cuerpo —y también para la mente— el atardecer y las primeras horas de la noche pueden ser el mejor momento para moverse, sobre todo con ejercicios suaves.

Los mitos sobre los pasos diarios están cambiando. Nuevas investigaciones revelan que la calidad del movimiento, no solo la cantidad, es clave para la salud articular y cardiovascular. Este enfoque dinámico transforma nuestra relación con la actividad física.

Investigaciones recientes revelan que la actividad física moderada puede retrasar la aparición de síntomas de Alzheimer hasta siete años en personas con alto riesgo, según un estudio de 14 años publicado en Nature Medicine, que analizó casi 300 casos.

Un equipo internacional de investigadores ha corroborado que los efectos de la actividad física continúan incluso cuando cesa el movimiento, y que el ejercicio incrementa el gasto energético sin que el cuerpo humano reduzca el consumo que necesita para funciones vitales, como la respiración o la circulación.

Investigadores de la Universidad de Nanjing han demostrado que el microARN del esperma transmite capacidades de ejercicio de padres a hijos, revelando mecanismos moleculares que podrían mejorar la salud metabólica de las futuras generaciones, según un estudio en la revista Cell Metabolism.