9 de febrero de 2026

Las “garras encarnadas” —uñas que crecen en exceso y terminan clavándose en la piel— son un problema frecuente y, a menudo, subestimado en perros y gatos. Puede empezar como una molestia leve, pero si pasa inadvertido puede derivar en heridas abiertas, dolor intenso y hasta infecciones profundas que comprometen el tejido del dedo.

Menos tolerantes al contacto, más peleas entre animales que conviven desde hace años, ladridos a deshoras o maullidos insistentes. ¿Es solo una impresión humana o el calor está cambiando realmente el humor de las mascotas?


Compartir la cama con un perro o un gato puede empezar como un gesto de amor y terminar en noches sin dormir, columnas doloridas y un insólito triángulo amoroso: vos, tu pareja y una mascota que ocupa, misteriosamente, el espacio central del colchón. ¿Es posible recuperar tu lado de la cama sin traicionar el vínculo con tu animal? Los especialistas dicen que sí, pero exigen una estrategia tan firme como cariñosa.

La pérdida de un animal de compañía puede ser tan devastadora como la de un familiar, sin embargo, su duelo a menudo es minimizado socialmente. Expertos abogan por un cambio en la percepción para validar estas emociones profundas y necesarias.

Un gato que entra y sale del arenero, maúlla con desesperación y apenas deja unas gotas de orina con sangre no está “haciendo un berrinche”: puede estar sufriendo una obstrucción urinaria, una urgencia veterinaria que, sin tratamiento rápido, puede ser mortal en cuestión de horas. En el centro del problema, con frecuencia, están los cristales en la orina y un factor muchas veces pasado por alto: la falta de humedad en la dieta.