7 de septiembre de 2026

Paraguay sigue siendo un país joven, con un 30% de su población entre 0 y 17 años, y llegan a 1.800.000. Datos del INE basados en la EPHC 2025 muestran avances en escolaridad, tenencia de cédula, pero fuertes desigualdades rurales, acceso a seguro médico y niveles de pobreza que alcanza a cerca del 25% de la población menor de 17 años.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) emitió un llamativo dato acerca de que el 82% de la población paraguaya tiene “vivienda propia”, según la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) 2022. Esta elevada cifra derivó en una serie de dudas y cuestionamientos entre los ciudadanos y el director del INE, Iván Ojeda, brindó unas explicaciones.
Datos preliminares del último censo tienden a confirmar lo que algunos observadores ya venían advirtiendo. Todo indica que la población paraguaya es significativamente menor a la que se estimaba y se tomaba como referencia, probablemente esté por debajo de los 7 millones de habitantes, quizás en torno a los 6.800.000, aunque el número exacto todavía debe precisarse. Lo que a más de uno pudiera parecerle un dato interesante, pero secundario, tiene extraordinaria relevancia en todo el andamiaje estadístico del país, así como en el diseño, planificación y aplicación de una amplia gama de políticas públicas, y aun en la toma de decisiones en el sector privado.

La economía es una ciencia social que se construye mediante indicadores medibles, cuantificables, de forma de ganar objetividad. Los datos estadísticos de distinta índole permiten elaborar análisis para comprender distintos fenómenos e incluso realizar proyecciones. Así, emparentada con las matemáticas, la economía ha construido una imagen más cercana a las ciencias duras que a las ciencias sociales, debido quizás al enorme corpus estadístico disponible y a la gran capacidad, facilitada por la informática de procesar datos. Pero volviendo a las ciencias sociales, parece relevante analizar cómo la cultura y la forma de ver e intervenir en el mundo se combina con las prácticas económicas, es decir, con las acciones vinculadas a la subsistencia, a la cultura material, a las necesidades de expansión territorial, la búsqueda y utilización de recursos, en fin, de la vida misma.