La Ruta Transpeninsular es la columna vertebral de la península de Baja California, México. Corre de norte a sur entre el Pacífico y el Mar de Cortés, conectando ciudades costeras, valles agrícolas y tramos desérticos que parecen de otro planeta.

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Primeros kilómetros: costa, vino y cocina bajacaliforniana
El inicio suele sentirse cerca del mar: Tijuana y Ensenada funcionan como puertas de entrada, con miradores sobre el Pacífico y mercados donde el pescado manda.

Muy cerca, el Valle de Guadalupe marca una de las paradas emblemáticas para probar vinos mexicanos, recorrer bodegas de arquitectura contemporánea y sumar almuerzos largos entre parrillas y huertos.
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Rumbo al sur: paisajes abiertos y paradas inesperadas
A medida que el asfalto se interna, aparecen escenas clásicas del roadtrip: San Quintín con sus marismas y costas amplias, y más adelante Cataviña, famosa por sus formaciones rocosas y cardones que recortan el horizonte.

Son buenos tramos para manejar con luz de día y detenerse a fotografiar el desierto.
Entre dos mares: ballenas, salinas y pueblos con historia
En el centro de la península, Guerrero Negro es un punto clave.

Entre enero y marzo, las lagunas cercanas se vuelven escenario de avistaje de ballena gris, una de las experiencias más buscadas del viaje.
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En el Mar de Cortés, los desvíos a bahías tranquilas regalan playas serenas, kayak y snorkel en aguas transparentes.
Baja California Sur: misiones, palmares y el Mar de Cortés
Más al sur, el roadtrip se vuelve costero: Santa Rosalía suma herencia minera y panaderías con tradición; Mulegé sorprende con su oasis de palmeras; Loreto combina malecón, islas frente a la costa y paseos en lancha para ver fauna marina.

La Paz invita a tardes de playa y a caminar sin apuro, mientras Todos Santos suma galerías, cafeterías y atardeceres sobre el Pacífico antes del tramo final hacia Cabo San Lucas.
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Datos útiles: cuándo viajar, clima y sabores
La mejor época para hacer la Transpeninsular suele ser de octubre a mayo, con temperaturas más amables y noches frescas en el desierto.

En verano el calor se intensifica, especialmente en el interior.

En la mesa, el itinerario se sigue a mordiscos: tacos de pescado, mariscos en aguachile, almejas y, en la costa norte, la clásica langosta estilo Baja.
