Belleza salvaje del parque nacional de Alaska

ANCHORAGE. La parte norte del parque nacional Denali, en el estado norteamericano de Alaska, cuenta con algunos senderos bien trazados y se puede llegar allí en autobús y tren, no solo por vía aérea. Por esto, sus campings suelen estar muy frecuentados.

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En la parte sur del parque, en cambio, no hay caminos ni campings ni centros de visitantes, sino solo un campamento base situado en lo alto en un lago glaciar. Allí es adonde nos dirigimos.

La aventura todo incluido comienza en Anchorage, la ciudad más grande de Alaska, de unos 300.000 habitantes. Viajamos hacia el norte en un minibús por la carretera del parque. Chip, un hombre con una perilla y gafas de sol, nos está esperando en Fish Lake. Lleva 19 años trabajando de piloto en Alaska y dirige un hidroavión del tipo Beaver, construido en 1949.

El avión zumba cuando sobrevolamos Ruth Glacier, una corriente de hielo de cinco kilométros de ancho que serpentea montaña abajo. Al fondo se alza, siempre blanco, el Denali, el monte más alto de Norteamérica, de 6.190 metros de altura. La vista es indescriptible. Chips gira su avión hacia la izquierda, entra en un valle de montaña situado a gran altura y aterriza en el Backside Lake, un lago de color gris lechoso. Es el lago más alto donde puede aterrizar, dice. Una mujer rubia con gafas de sol y una gorra de béisbol saluda con la mano desde la orilla. Es Kasha, nuestra guía. Catherine Rigby, de 46 años, es una leyenda. La revista estadounidense "Outside" la llamó "la mejor esquiadora de estilo telemark en el Universo conocido".

Sin embargo, aquí, ella es todo lo contrario a una diva. Lleva en la cintura una Magnum 44 por si se encuentre con osos. Después de recibir algunos consejos sobre cómo guardar la comida y otras cosas olorosas para no atraer a los animales, estamos listos para nuestra primera excursión.

Subimos por la cuesta detrás de la corriente y atravesamos el paisaje salvaje sin senderos vadeando pantanos y pasando en medio de una maleza que nos llega hasta los hombros.

Tomamos un descanso en un lago de montaña contemplando maravillados los picos helados de los montes Hunter y Huntington, un aperativo de lo que nos espera. Esa noche comemos en platos de plástico enchiladas de pollo y tacos desmigajados.

El cielo nocturno es impresionante, con estrellas que brillan en el horizonte y la Vía Láctea resplandeciendo encima de nosotros. De repente, alguien sacude mi tienda de campaña. "¡Vámonos. Auroras boreales!".

Uno podría confundirlas con jirones de nubes, hasta que comienzan a bailar. Un destello verde atraviesa rápidamente el cielo. Aparece una espiral roja. Después de un largo rato nos rendimos ante el frío y la somnolencia.

A la mañana siguiente caminamos sobre la cresta de una morena. Alrededor de media hora después llegamos a las bonitas cascadas de Cook's Creek. Esta es la ruta estándar. Los guías siempre llevamos a los turistas por aquí.

Subimos por un valle de montaña que parece sacado de una película, pasamos junto a groselleros y adelfillas. Cuando llegamos a la cima, el monte Denali se alza delante de nosotros en todo su esplendor. Granito gris coronado por hielo blanco.

Denali, el pico más alto de Norteamérica, era conocido oficialmente como Monte McKinley hasta agosto de 2015, cuando el presidente Barack Obama lo rebautizó con el nombre tradicional en lengua atabascana. A la mañana siguiente emprendemos la última caminata, a lo largo de un río sin nombre hacia Ruth Glacier. Allí, a una distancia segura, vemos un oso negro en la maleza. Levanta brevemente la cabeza mirando hacia nosotros antes de alejarse.

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