La historia, que se enmarca en algún lugar entre la ciencia ficción, las catástrofes (no tan) naturales y el thriller, está conquistando adeptos con su adaptación a la pantalla. El eternauta lo tiene todo: drama, ciencia, escenas espectaculares y muy buenas actuaciones. Pero no vamos a hablar de eso sino de uno de los tantos conceptos científicos que se mencionan en la trama: el cinturón de Van Allen. ¿Qué es?
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Qué es el cinturón de Van Allen
El cinturón de Van Allen es un fenómeno espacial que ha capturado tanto la imaginación de escritores como la atención de científicos. Aunque su mención en obras de ciencia ficción como “El eternauta” ha despertado interés popular, entender su verdadera naturaleza es crucial para apreciar su relevancia tanto en la literatura como en la ciencia.

El cinturón de Van Allen es una zona en forma de anillo que rodea la Tierra; y está compuesto por zonas de partículas cargadas, principalmente protones y electrones, que se encuentran atrapadas por el campo magnético terrestre. Hay dos cinturones principales:
- Cinturón interno: este se extiende desde unos 640 kilómetros hasta aproximadamente 9.600 kilómetros sobre la superficie terrestre. Es rico en protones de alta energía.
- Cinturón externo: está ubicado entre los 13.500 y 58.000 kilómetros, principalmente compuesto por electrones de alta energía.
Descubiertos por el científico James Van Allen en 1958, estos cinturones son cruciales para la protección de la Tierra mediante la captura de partículas solares y cósmicas que, de otra manera, podrían desestabilizar la atmósfera y afectar las comunicaciones y la vida en el planeta.
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Qué sucedería si el cinturón de Van Allen no existiera
Si los cinturones de Van Allen no existieran —o si el campo magnético terrestre colapsara y dejara de atraparlos—, las partículas cargadas del viento solar y los rayos cósmicos incidirían directamente sobre la atmósfera y la superficie terrestre.
Esto tendría efectos severos en tres niveles. El primero sería la desestabilización de la atmósfera, es decir, habría una ionización masiva: el ingreso directo de partículas de alta energía aumentaría drásticamente la ionización en la atmósfera superior (especialmente en la ionosfera), alterando su composición y dinámica.
Además, sin la protección magnética, el viento solar podría erosionar lentamente la atmósfera, como ocurrió en Marte, que perdió gran parte de su atmósfera cuando su campo magnético colapsó.
Y la entrada de radiación podría modificar patrones meteorológicos, alterar la formación de nubes y afectar el equilibrio térmico del planeta.
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Una segunda instancia sería la afectación a las comunicaciones y tecnología. ¿Por qué?: porque la radiación dañaría la ionosfera, que es crucial para reflejar ondas de radio, y esto provocaría fallos en las comunicaciones de radio, GPS y navegación aérea.
Además, las partículas cargadas dañarían los componentes electrónicos de satélites y naves espaciales, acortando su vida útil o dejándolos inoperativos.
También habría apagones eléctricos: inducción de corrientes geomagnéticas en redes eléctricas, como ocurrió en el apagón de Quebec (1989), pero con consecuencias más frecuentes y graves.
¿Y qué impacto tendría en la vida en Tierra? Habría un aumento de la radiación: más rayos cósmicos alcanzarían la superficie, elevando el riesgo de cáncer, mutaciones genéticas y enfermedades en humanos y animales.
Además, habría un daño a la agricultura y ecosistemas, pues el exceso de radiación ultravioleta y cósmica afectaría el ADN de plantas, el fitoplancton oceánico y otras especies sensibles, alterando la cadena alimentaria.
Los vuelos a gran altitud y latitudes polares (más expuestas) serían peligrosos por la radiación, obligando a rediseñar rutas aéreas.
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En resumen: los cinturones de Van Allen funcionan como un escudo electromagnético natural. Su ausencia o alteración dejaría a la Tierra expuesta a una agresión constante de partículas energéticas que comprometerían la estabilidad climática, la tecnología moderna y la salud humana a largo plazo.
Interacción con la ciencia ficción
En “El eternauta”, obra del guionista argentino Héctor Germán Oesterheld, el cinturón de Van Allen se menciona en el contexto de fenómenos extraterrestres y catástrofes planetarias.
La ficción utiliza este elemento científico como un detonante narrativo, mostrando justamente su potencial para alterar la vida en la Tierra. Aunque el tratamiento es especulativo, refleja preocupaciones reales sobre los peligros del espacio.
Desde su descubrimiento, el cinturón de Van Allen ha interesado a científicos por su impacto en la tecnología y la posible protección contra la radiación espacial. Es una consideración crucial para las misiones espaciales, ya que los astronautas y las naves deben minimizar el tiempo de exposición a sus efectos.
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