Cómo se produce nieve artificial en plena crisis climática: la ciencia detrás de Milán-Cortina 2026

Cortina d'Ampezzo (Italy), 04/02/2026.- Fresh snow falls on the Olympic rings at the site of the Milano Cortina 2026 Winter Olympic Games in Cortina d'Ampezzo, Italy, 04 February 2026. (Italia) EFE/EPA/JEAN-CHRISTOPHE BOTT
Cortina d'Ampezzo (Italy), 04/02/2026.- Fresh snow falls on the Olympic rings at the site of the Milano Cortina 2026 Winter Olympic Games in Cortina d'Ampezzo, Italy, 04 February 2026. (Italia) EFE/EPA/JEAN-CHRISTOPHE BOTT JEAN-CHRISTOPHE BOTT

Entre el 6 y el 22 de febrero de 2026, el foco del deporte mundial se posará sobre los Alpes italianos. Milán-Cortina será la primera edición de los Juegos Olímpicos de Invierno repartida entre una gran metrópoli prácticamente sin nieve y valles alpinos cada vez más vulnerables al calentamiento global. ¿Cómo consiguen la nieve necesaria?

Detrás de las imágenes televisivas de pistas blancas inmaculadas habrá una infraestructura tecnológica gigantesca: sistemas de nieve artificial capaces de sostener un evento que depende del frío en un planeta que se calienta.

Mientras la ciencia climática advierte de la rápida desaparición de la nieve natural en media Europa, los organizadores se apoyan en otra ciencia —la de la ingeniería del frío— para garantizar que las competiciones se desarrollen sobre nieve “perfecta”.

Una montaña de nieve “hecha a máquina”

La producción de nieve artificial, o más precisamente “nieve tecnificada”, no es nueva en los Alpes italianos.

1956, ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Stadio Olímpico del Ghiaccio (en español, estadio olímpico de hielo), Cortina d'Ampezzo en los Alpes Dolomitas, región del Véneto, Italia.
1956, ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Stadio Olímpico del Ghiaccio (en español, estadio olímpico de hielo), Cortina d'Ampezzo en los Alpes Dolomitas, región del Véneto, Italia.

Cortina d’Ampezzo, que ya albergó los Juegos de 1956, lleva décadas utilizando cañones en las pistas comerciales. La diferencia ahora es de escala y de certeza: el comité organizador da por hecho que, sin apoyo masivo de nieve producida, muchas pruebas olímpicas serían imposibles o demasiado arriesgadas.

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Aunque cada sede tiene su propio plan, los expertos coinciden en que la mayor parte de las superficies de competición —esquí alpino, snowboard, esquí acrobático— dependerán en gran medida de nieve artificial, incluso en escenarios con buenas nevadas naturales.

Esta fotografía aérea, tomada el 12 de enero de 2026, muestra una vista general de la rampa curva de diseño especial para el salto de esquí y del snow park de Livigno, que albergará todas las competencias de snowboard y esquí freestyle de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026.
Esta fotografía aérea, tomada el 12 de enero de 2026, muestra una vista general de la rampa curva de diseño especial para el salto de esquí y del snow park de Livigno, que albergará todas las competencias de snowboard y esquí freestyle de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026.

El motivo no es solo la falta de nieve: los deportes de alto nivel requieren un tipo de nieve muy específico, homogénea, compacta y predecible, que solo se consigue de forma fiable con sistemas controlados.

La física detrás de un copo artificial

Desde lejos, la nieve artificial parece idéntica a la natural. De cerca, la ciencia muestra diferencias claras.

Un sistema de producción de nieve se basa en tres componentes principales:

  • Agua fría: se bombea desde embalses o captaciones de ríos hasta los cañones de nieve.
  • Aire comprimido (en algunos sistemas): ayuda a fragmentar el agua en microgotas y favorece la congelación.
  • Frío ambiente: sin temperaturas suficientemente bajas, no hay nieve, por más tecnología que se use.

En términos físicos, la clave no es solo la temperatura del aire, sino la temperatura de bulbo húmedo, que combina el frío y la humedad relativa. A menor humedad, es posible producir nieve incluso con temperaturas del aire ligeramente por encima de 0 °C, porque la evaporación de parte del agua enfría las gotas restantes hasta congelarlas.

Dentro de un cañón de nieve, el proceso se puede resumir así:

  1. El agua a presión se hace pasar por boquillas que la rompen en gotas muy pequeñas.
  2. En los sistemas tradicionales, se inyecta aire comprimido para atomizar y preenfriar esas gotas.
  3. Las gotas salen al aire frío y, durante su trayectoria de varios metros, se enfrían y congelan parcial o totalmente.
  4. El resultado son pequeños gránulos de hielo que se depositan sobre la pista y luego se compactan con máquinas pisapistas.

La forma de estos “copos” —más granulares, menos ramificados— los hace más densos y, por tanto, más duros que la nieve natural. Esa dureza es precisamente lo que buscan los responsables de las pistas olímpicas para garantizar velocidad y estabilidad.

Aditivos químicos: cada vez menos, pero aún presentes

En algunos sistemas de nieve artificial se han usado históricamente agentes nucleantes, sustancias que facilitan la formación de cristales de hielo a temperaturas ligeramente superiores a las necesarias de forma natural.

Uno de los más conocidos ha sido Snomax, basado en proteínas de una bacteria que favorece la nucleación del hielo.

Estos productos han despertado controversia ambiental y han sido restringidos en varios países europeos.

En Italia y en gran parte de los Alpes, la tendencia de la última década ha sido minimizar o eliminar su uso, apostando por tecnologías de cañones más eficientes que funcionan únicamente con agua.

Los organizadores de Milán-Cortina han asegurado que se respetarán las normativas ambientales vigentes, lo que, en la práctica, significa producir nieve principalmente a partir de agua sin aditivos, recurriendo a la optimización de las ventanas de frío y a sistemas de control muy avanzados.

Cañones, embalses y algoritmos: tecnología de precisión

La nieve de los Juegos no saldrá de improvisados tubos en la ladera, sino de un entramado de ingeniería diseñado años antes del encendido del pebetero.

Stefan Rogentin, de Suiza, sufre una caída durante un entrenamiento del descenso masculino de la competencia de esquí alpino, en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, en el centro de esquí Stelvio, en Bormio, Italia, el 5 de febrero de 2026.
Stefan Rogentin, de Suiza, sufre una caída durante un entrenamiento del descenso masculino de la competencia de esquí alpino, en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, en el centro de esquí Stelvio, en Bormio, Italia, el 5 de febrero de 2026.

La mayor parte de las sedes alpinas —como Bormio, Livigno o Cortina— cuentan ya con redes fijas de nieve artificial: tuberías enterradas, estaciones de bombeo y cañones instalados en puntos estratégicos.

Para 2026, estas infraestructuras se están ampliando y modernizando, con dos objetivos declarados: reducir el consumo energético por metro cúbico de nieve producida y mejorar la gestión del agua.

En el corazón del sistema están los embalses artificiales que almacenan agua de deshielo y lluvia. Desde ahí, potentes bombas elevan el agua hasta las cotas más altas, donde los cañones la convierten en nieve cuando las condiciones lo permiten.

Inteligencia artificial para gestionar el frío

La ventana temporal para producir nieve de forma eficiente es cada vez más corta, a medida que los inviernos se vuelven más cálidos e irregulares. De ahí que los organizadores confíen en sistemas automatizados que combinan:

  • Datos en tiempo real de temperatura, humedad y viento.
  • Pronósticos meteorológicos de alta resolución.
  • Sensores de espesor de nieve en las pistas (incluidos radares o láseres montados en las máquinas pisapistas).

Algoritmos de control deciden cuándo encender cada cañón, cuánta agua utilizar y en qué zona de la pista concentrar la producción. La idea es producir solo la nieve indispensable, en el momento más favorable, para minimizar consumos.

En algunas estaciones alpinas ya se usan sistemas que permiten a los responsables de pista visualizar un mapa en 3D con el espesor exacto de nieve en cada tramo.

Guardar nieve de un año para otro

Otra técnica cada vez más extendida es el llamado “snowfarming” o cultivo de nieve: acumular grandes montones de nieve —natural o artificial— al final del invierno y cubrirlos con geotextiles aislantes o virutas de madera para evitar su fusión en verano.

Trabajadores preparan la sede antes de las clasificaciones del big air masculino de snowboard durante los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, en el Snow Park de Livigno, en Livigno (Valtellina), el 4 de febrero de 2026.
Trabajadores preparan la sede antes de las clasificaciones del big air masculino de snowboard durante los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, en el Snow Park de Livigno, en Livigno (Valtellina), el 4 de febrero de 2026.

Una parte importante de esa nieve sobrevive hasta la temporada siguiente.

Algunas sedes de fondo y biatlón en los Alpes ya utilizan esta técnica para garantizar la apertura temprana.

Para 2026, no se descarta que ciertos escenarios —especialmente de entrenamiento y pruebas previas— recurran a estos “bancos de nieve” como seguro adicional.

Una nieve más dura, más rápida… ¿y más peligrosa?

Atletas y entrenadores saben que la nieve artificial no se comporta igual que la natural. Su mayor densidad y compactación permiten preparar pistas extremadamente rápidas, algo deseado en deportes como el esquí alpino, pero también puede aumentar el riesgo de caídas más violentas.

Esta fotografía aérea, tomada el 12 de enero de 2026, muestra la rampa curva de diseño especial para el salto de esquí y el snow park de Livigno, que albergará todas las competencias de snowboard y esquí freestyle de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026.
Esta fotografía aérea, tomada el 12 de enero de 2026, muestra la rampa curva de diseño especial para el salto de esquí y el snow park de Livigno, que albergará todas las competencias de snowboard y esquí freestyle de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026.

La ciencia del deporte ha llamado la atención sobre el hecho de que las superficies más duras transmiten más fuerza al cuerpo en un impacto.

Aunque los datos sobre lesiones son complejos y dependen de muchos factores, varios estudios apuntan a que la generalización de la nieve artificial ha cambiado la naturaleza de los riesgos, tanto para élite como para aficionados.

Un invierno que se encoge

Más allá de la ingeniería del frío, el telón de fondo es el calentamiento acelerado de las montañas.

Los anillos olímpicos se ven en una puerta del recorrido antes del inicio del primer entrenamiento oficial del descenso masculino de esquí alpino, de cara a los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, en el centro de esquí Stelvio, en Bormio (Valtellina), el 4 de febrero de 2026.
Los anillos olímpicos se ven en una puerta del recorrido antes del inicio del primer entrenamiento oficial del descenso masculino de esquí alpino, de cara a los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, en el centro de esquí Stelvio, en Bormio (Valtellina), el 4 de febrero de 2026.

Los Alpes se calientan a un ritmo superior a la media global, lo que reduce el número de días con nieve, adelanta el deshielo primaveral y eleva la cota de precipitaciones: donde antes nevaba, cada vez llueve más.

Informes científicos sobre la viabilidad futura de los Juegos Olímpicos de Invierno indican que, si las emisiones globales siguen altas, solo una pequeña fracción de las sedes que han albergado el evento en el pasado mantendrían condiciones climáticas razonablemente seguras hacia finales de siglo.

Incluso con una reducción significativa de emisiones, la fiabilidad de la nieve natural en muchas localizaciones alpinas seguirá disminuyendo.

Desde mañana, cuando las cámaras enfoquen los descensos fulminantes en Cortina o Bormio, la nieve se verá impecable, blanca, uniforme. Detrás de cada centímetro habrá cálculos termodinámicos, bombas, algoritmos y decisiones políticas sobre qué sacrificios se aceptan para conservar, al menos durante unas semanas, la ilusión de un invierno estable.

La pregunta que quedará después es cuánto tiempo más esa ilusión podrá sostenerse.