Qué es el hantavirus y por qué preocupa
“Hantavirus” no es un único virus, sino una familia de virus que circulan principalmente en roedores. En humanos puede causar dos cuadros graves, según la región y el tipo viral: el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) —más conocido en América— y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR) —más frecuente en Europa y Asia—.
La preocupación sanitaria no se debe a su alta transmisión entre personas (en general, no lo es), sino a su potencial de gravedad: puede comenzar como un cuadro febril inespecífico y, en algunos casos, evolucionar rápidamente a compromiso respiratorio o renal.
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Cómo se transmite a los humanos
La vía más habitual es la inhalación de aerosoles contaminados: al barrer, mover leña, limpiar galpones, abrir cabañas cerradas o trabajar en lugares con presencia de roedores, las excretas secas pueden convertirse en polvo fino que entra por nariz y boca.

También puede transmitirse por:
- Contacto directo de mucosas o heridas con orina, heces o saliva de roedores.
- Mordeduras (menos frecuente).
- Alimentos o agua contaminados por roedores, en determinadas circunstancias.
Un punto clave: la transmisión persona a persona es excepcional. Se ha documentado de forma más clara con el virus Andes en partes de Sudamérica (por ejemplo, Argentina y Chile), generalmente en contextos de contacto estrecho.
En la mayoría de los hantavirus descritos en el mundo, el contagio interpersonal no se considera una vía relevante.
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Qué roedores están implicados y dónde ocurre
Cada hantavirus suele estar asociado a un reservorio particular. En América del Sur, el riesgo suele vincularse a roedores silvestres que se acercan a viviendas rurales, depósitos o campamentos.
En Estados Unidos se asocia con frecuencia a roedores como el “deer mouse”.
En Europa y Asia predominan otros virus y reservorios, con cuadros clínicos más orientados al compromiso renal.
El riesgo aumenta donde hay actividad humana en ambientes con roedores: limpiezas de espacios cerrados, cosechas, acampes, manejo de granos, leña o chatarra.
Síntomas: cuándo sospechar y por qué el tiempo importa
Tras una incubación que puede durar días a semanas, los primeros síntomas suelen parecerse a una gripe: fiebre, dolores musculares, cansancio, a veces dolor abdominal, náuseas o vómitos.
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En el SCPH pueden aparecer luego tos y dificultad respiratoria; en la FHSR, signos de afectación renal.
Dado que la evolución puede ser rápida, ante fiebre y malestar posteriores a exposición a roedores o a lugares con excretas, la recomendación general es consultar de inmediato y mencionar esa exposición.
Prevención: la medida decisiva es evitar el polvo contaminado
La prevención se apoya en dos ideas simples: reducir el acceso de roedores (sellar entradas, almacenar alimentos, ordenar patios) y limpiar sin levantar polvo en ambientes cerrados con riesgo (ventilar, humedecer antes de remover suciedad, y usar protección adecuada según normas sanitarias locales).
