Científicos advierten que la Amazonía podría dejar de ser selva tropical

Río Nanay, selva amazónica del Perú.
Río Nanay, selva amazónica del Perú.Gino Tuesta

Un estudio reciente advierte que, si la deforestación en la Amazonía alcanza el 22-28% acompañada de un calentamiento global de 1,5 a 1,9 ºC, dos tercios de la selva podrían transformarse en sabana, poniendo en riesgo su ecosistema vital.

En 2020 la pérdida acumulada de la Amazonía rondaba el 17-18 % pero si esta deforestación escala al 22-28%, con un calentamiento global de entre 1,5 y 1,9 ºC, la selva amazónica cruzará un punto de inflexión y dos tercios de su superficie se convertirán en sabana.

Ese mismo escenario sucederá si la deforestación se mantiene en los niveles actuales pero el cambio climático eleva la temperatura global a los 3,7 o 4 °C.

El estudio señala que en 2020 la deforestación provocada por el hombre (principalmente la tala vinculada a cambios en el uso del suelo y a la expansión de las infraestructuras) había arrasado unos 0,55 millones de kilómetros cuadrados, es decir, un 15% del bioma de la Amazonía.

Fotografía de archivo: troncos de madera en la Fazenda Nicolau, administrada por una ONG de bosques de carbono vinculada a la empresa francesa Peugeot, en Alta Floresta, Mato Grosso, Brasil, el 30 de agosto de 2021. Las emisiones de carbono de la selva amazónica se duplicaron en 2019 y 2020, ya que la reducción de la fiscalización ambiental bajo el expresidente brasileño Jair Bolsonaro provocó un aumento en la destrucción de esta región cada vez más frágil, informaron investigadores el 23 de agosto de 2023.
Fotografía de archivo: troncos de madera en la Fazenda Nicolau, administrada por una ONG de bosques de carbono vinculada a la empresa francesa Peugeot, en Alta Floresta, Mato Grosso, Brasil, el 30 de agosto de 2021. Las emisiones de carbono de la selva amazónica se duplicaron en 2019 y 2020, ya que la reducción de la fiscalización ambiental bajo el expresidente brasileño Jair Bolsonaro provocó un aumento en la destrucción de esta región cada vez más frágil, informaron investigadores el 23 de agosto de 2023.

El problema es que esta pérdida de masa forestal, unida al calentamiento global, interrumpe el reciclaje de la lluvia, desestabiliza la humedad de la zona y provoca un peligroso efecto en cadena con consecuencias para todo el ecosistema y para el resto del planeta.

Una Amazonía mucho menos resiliente

“La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto anteriormente. Reseca la atmósfera y debilita la propia generación de precipitaciones del bosque”, denuncia Nico Wunderling, científico del PIK y autor principal del estudio.

Enorme cultivo de soja en una zona deforestada de la selva amazónica en Mato Grosso, Brasil.
Enorme cultivo de soja en una zona deforestada de la selva amazónica en Mato Grosso, Brasil.

“Incluso un calentamiento adicional moderado podría entonces desencadenar efectos en cadena en grandes partes del bosque, advierte.

El estudio es claro: frenar la deforestación y restaurar la cubierta forestal es esencial para reforzar la resiliencia de la selva amazónica frente a la amenaza del calentamiento global.

A partir de distintos escenarios, el trabajo cuantifica cómo el calentamiento y la deforestación pueden afectar a la estabilidad de todo el ecosistema, alterar los mecanismos de retroalimentación de las precipitaciones en el sistema amazónico y llevar al bosque a un punto de no retorno.

Una de las razones clave de la degradación forestal es que la Amazonía es capaz de generar parte de sus propias precipitaciones (hasta el 50% de ellas provienen del agua reciclada por los propios árboles), detalla el estudio.

Vista aérea de la selva amazónica, con la parte frontal arrasada por incendios forestales.
Vista aérea de la selva amazónica, con la parte frontal arrasada por incendios forestales.

Los árboles liberan vapor de agua a la atmósfera que posteriormente vuelve a caer en forma de lluvia sobre la cuenca amazónica, pero cuando se pierde la selva tropical este reciclaje de humedad se debilita, crece la intensidad y la frecuencia de las sequías y los efectos se ven a larga distancia (otras regiones forestales se vuelven más vulnerables a la degradación).

“Cuando la deforestación interrumpe el transporte de humedad en una zona de la Amazonía, regiones enteras situadas a cientos o incluso a miles de kilómetros pierden resilencia debido a los efectos en cadena de la sequía”, comenta el investigador de la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y coautor de la investigación, Arie Staal.

El trabajo evalúa distintos escenarios, uno de ellos contempla un escenario de deforestación severa, con un ritmo medio de unos 18.000 kilómetros cuadrados deforestados al año entre 2020 y 2050, lo que equivaldría a eliminar cerca del 35% de la cuenca amazónica (unos 0,9 millones de kilómetros cuadrados).

Este ritmo de deforestación -advierte el estudio- sería peligroso y si alcanza al 22-28% de la Amazonía con un calentamiento global de apenas 1,5 a 1,9 ºC, provocaría que alrededor de dos tercios de la selva amazónica se transformasen en un ecosistema similar a la sabana.

El umbral esperanzador

Pero hay un umbral esperanzador: con escenarios de emisiones más optimistas y una deforestación acotada estrictamente a los niveles actuales (15%) se podría evitar el colapso del sistema.

Amazonía peruana.
Amazonía peruana.

Los científicos subrayan que detener la deforestación y restaurar la cubierta forestal reforzaría sustancialmente la resiliencia de la Amazonía ante el calentamiento, lo que ayudaría a todo el planeta.

“La selva amazónica ha desempeñado un papel fundamental en la estabilización del sistema terrestre como sumidero de carbono, regulador del ciclo del agua y hogar de la biodiversidad terrestre más rica del planeta pero la deforestación continuada está socavando esta estabilidad, lo que acerca al bosque a un punto de inflexión”, comenta Johan Rockström, director del PIK y coautor del estudio.

Pero esto “no solo sería devastador para la región, sino que podría tener consecuencias de gran alcance para todo el planeta”, advierte.

Sin embargo, nada de esto es inevitable: “Detener la deforestación, junto con la restauración ecológica de los bosques degradados y una rápida reducción de las emisiones, aún puede reducir los riesgos”, insiste Rockström.