A diferencia de la piel, el intestino o los pulmones, las células principales del corazón—los cardiomiocitos, responsables de la contracción— se dividen muy poco en la vida adulta. Y el cáncer aparece, en general, cuando las células acumulan alteraciones mientras se multiplican.
Por eso, los tumores que se originan en el propio corazón, llamados tumores cardíacos primarios, son muy infrecuentes. No todos son cancerosos: muchos son benignos. El más habitual es el mixoma, que suele crecer en las aurículas y puede interferir con el paso de la sangre o provocar coágulos, aunque no invada otros órganos como lo hace un cáncer.
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¿Qué tipo de cáncer puede empezar en el corazón?
Cuando un tumor cardíaco primario es maligno, suele ser un sarcoma, un cáncer que se forma en tejidos de sostén, vasos sanguíneos o músculos. Entre ellos, el angiosarcoma es uno de los más frecuentes: se origina en las células que recubren los vasos y puede crecer con rapidez, a menudo en la aurícula derecha.
También existen linfomas cardíacos primarios, originados en células del sistema inmunitario presentes en el órgano. Son aún menos comunes y se observan con mayor frecuencia en personas con defensas muy debilitadas, aunque no exclusivamente.
La rareza de estos tumores no implica que sean biológicamente simples. El corazón contiene vasos, válvulas, tejido conectivo, grasa y células inmunitarias, todos tejidos capaces de sufrir transformaciones cancerosas. Pero su baja tasa de renovación celular reduce una de las oportunidades centrales para que se acumulen mutaciones.
Es más común que el cáncer llegue al corazón desde otro sitio
Es mucho más probable que un cáncer afecte al corazón por metástasis que porque haya nacido en él. Melanomas, linfomas, leucemias y tumores de pulmón, mama, riñón o tiroides pueden extenderse hacia el pericardio —la membrana que rodea al corazón—, el músculo cardíaco o sus cavidades.
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Esta diferencia importa porque cambia el diagnóstico y el tratamiento. Un tumor que comenzó en el corazón exige evaluar si puede extirparse y qué tipo de células lo componen. Si se trata de una metástasis, el abordaje depende principalmente del cáncer de origen y de su extensión en el organismo.
La circulación sanguínea podría parecer una vía fácil para que las células tumorales colonicen el corazón. Sin embargo, no toda célula que llega por la sangre logra adherirse, sobrevivir y formar una lesión. La velocidad del flujo, el movimiento constante del músculo y las características del tejido cardíaco pueden dificultar ese proceso, aunque no lo impiden.
¿Qué síntomas puede causar un tumor en el corazón?
Los síntomas no son exclusivos y dependen de la ubicación y el tamaño de la masa. Puede haber falta de aire, dolor en el pecho, palpitaciones, desmayos, cansancio inusual o hinchazón de piernas.
Si el tumor bloquea una válvula o la entrada de sangre a una cavidad, puede imitar una insuficiencia cardíaca. Si libera fragmentos o favorece coágulos, puede causar embolias.
Por esa falta de señales específicas, los tumores cardíacos pueden detectarse tarde o aparecer de manera incidental en un ecocardiograma, una tomografía o una resonancia solicitada por otro motivo. La resonancia cardíaca es especialmente útil para distinguir grasa, músculo, sangre, tejido fibroso y zonas de necrosis dentro de una lesión.
¿Cómo se trata el cáncer cardíaco?
El tratamiento depende de si el tumor es benigno, maligno o metastásico, de su localización y de si ya se extendió. Cuando es posible, la cirugía busca retirar el tumor y aliviar obstrucciones al flujo sanguíneo.
En cánceres agresivos, puede combinarse con quimioterapia o radioterapia, aunque proteger al corazón de los efectos de estos tratamientos plantea desafíos particulares.
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La biopsia permite confirmar el diagnóstico, pero no siempre es sencilla: obtener una muestra dentro de un órgano en movimiento y con estructuras vitales cercanas requiere planificación especializada. Por eso, la evaluación suele involucrar cardiología, oncología, cirugía cardiovascular, imágenes y anatomía patológica.
