De la “picardía” al papelón histórico
Todo comenzó con escenas que rozaron el ridículo en la Primera División y que encendieron las alarmas de la Dirección de Competiciones. Primeramente, el técnico Eduardo Ledesma sorprendió al mandar a la cancha al portero debutante Juan Armoa, de 18 años, solo para retirarlo del campo apenas 120 segundos después del pitazo inicial. La apuesta resultó ser un movimiento puramente burocrático, pues el DT ordenó el ingreso de Ángel Martínez en la primera interrupción, “quemando” una ventana de cambios antes de que el joven tuviera su primera intervención.
Poco después, el Sportivo Luqueño emuló la maniobra en una escena casi idéntica. El entrenador Hernán Rodrigo López ordenó el ingreso del defensor Oliver López, de apenas 15 años, para iniciar el segundo tiempo, pero lo sustituyó antes de cumplirse los dos minutos de juego por Óscar “Kure’i” Ruiz. El objetivo de ambos clubes era el mismo: cumplir con el requisito de que el juvenil “dispute un encuentro” para poder desbloquear y sumar a la bolsa los minutos que estos jugadores habían sido tenidos en cuanta en las selecciones juveniles.
El “golpe de mesa” de la APF: La trampa no sirvió de nada
La reacción de la Asociación Paraguaya de Fútbol fue letal para las aspiraciones de ambos equipos. Mediante una modificación inmediata del numeral 9 del Artículo 24 del Reglamento, el ente rector sentenció que estas prácticas desnaturalizaron el objetivo de la formación de nuevos talentos. La resolución fue contundente y dictaminó que los minutos de Selección de los jugadores involucrados en estos episodios no serán contabilizados para la bolsa de sus clubes.
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Además, la APF elevó la vara para evitar futuros abusos, estableciendo que, a partir de ahora, cualquier juvenil debe acumular al menos 90 minutos reales en Primera División durante la temporada para que sus servicios en la selección nacional sumen a favor del club. En resumen, el esfuerzo por burlar la ley resultó en un fracaso absoluto, dejando a los dos equipos en una situación de vulnerabilidad extrema.
El drama de las cinco fechas finales
Al anularse el beneficio de los minutos por selección, el panorama para el cierre del Apertura es complicado para los infractores. El Sportivo 2 de Mayo es el más castigado por su propia estrategia; con apenas 496 minutos válidos, necesita sumar 404 de los últimos 450 que quedan en juego. Esto significa que el “Gallo Norteño” está obligado a jugar prácticamente la totalidad de los partidos restantes con un Sub-19 en cancha para evitar sanciones.
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El Sportivo Luqueño tampoco tiene margen de maniobra, ya que se quedó estancado en 536 minutos y debe encontrar la forma de meter en cancha 364 minutos juveniles en solo cinco jornadas. Lo que pretendía ser un atajo para facilitar la gestión de la plantilla terminó por hipotecar el esquema táctico de los entrenadores, demostrando que en el fútbol moderno, las trampas no sirven de nada.

