Según el Centro de Importadores del Paraguay (CIP), el sector enfrentó el año pasado ciertos desafíos, pero logró superarlos hacia el segundo semestre.
El presidente del gremio, Iván Dumot, recordó que el sector inició un 2025 de manera “complicada”. En el primer trimestre, el dólar llegó a G. 8.000 y el transporte fluvial se encontraba “en su peor momento”, afectado por el descenso del río.
Asimismo, mencionó que los fletes desde Oriente se dispararon por la guerra de aranceles de China y EEUU, lo que desafió aún más el desempeño del rubro en los primeros tres meses del año.
“A partir de abril la situación mejoró, con un dólar que empezó a reducirse, el nivel del río subió y bajaron los costos de los fletes internacionales. Esto propició que el rubro cierre el primer semestre con un crecimiento de alrededor del 5%, un nivel más o menos estándar para años anteriores”, contó.
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Dólar más competitivo para el sector
En el segundo semestre, según indicó, con una moneda norteamericana más competitiva, se constató un crecimiento interanual del 10%, impulsado por bienes de consumo, de capital y manufacturas industriales.
Añadió que esto se dio porque se le devolvió al sector importador la competitividad que había perdido en años anteriores, con un mejor posicionamiento de precios de los productos importados y una mayor rotación de los distintos artículos.

Señaló que este crecimiento del 10% demuestra el potencial del sector, que no solo abastece productos de consumo final, sino también maquinaria industrial e insumos para la producción agrícola, lo que permitió un “cierre muy importante” para el rubro.
El sector privado aporta, falta acompañamiento del Estado
En esa línea, en su discurso de cierre de 2025, Dumot resaltó que el sector importador es parte “de la solución y no del problema”. Además, contribuye a la estabilidad de precios, al abastecimiento del mercado interno, a la inversión y al empleo formal.
Asimismo, Dumot mencionó la importante contribución del sector a las finanzas públicas a través de los impuestos. Sin embargo, para el presidente del CIP, estos logros conviven con desafíos estructurales que siguen sin resolverse y que requieren decisiones políticas responsables y de largo plazo.
“Paraguay registra por tercer año un crecimiento del PIB superior al 4%, resultado del esfuerzo del sector privado, de los trabajadores y de los inversores. No obstante, persisten señales de preocupación: decisiones de política pública tomadas sin el diálogo necesario, reformas impulsadas con lógica coyuntural, poca gestión en la reducción del gasto público y un Estado que aún no logra acompañar al sector productivo con previsibilidad, planificación y reglas claras”, destacó.
Por otro lado, refirió que la obtención del grado de i por parte de una segunda calificadora de riesgo da “una excelente mirada externa”, que hoy se tiene debido a las gestiones del sector productivo y del Gobierno. Ello debe reflejarse también en la mirada del capital local, que según acotó, sigue “espantando la inseguridad jurídica reinante y la corrupción que arrecia, además de blindar la institucionalidad financiera y fiscal que ha sido el pilar de estos logros, y que hoy tienen visos de menor rigurosidad”.
Desafíos de 2026
El presidente de los importadores precisó que la proyección para el 2026 es de un crecimiento en el orden del 10%. No obstante, con el tipo de cambio registrado en las últimas semanas en el que predominó un descenso del dólar, deja al rubro en una situación de “poca claridad” de lo que se pueda esperar para adelante, alegó Dumot.
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“Cuando se dan bajadas tan rápido como las que se tuvo, normalmente la expectativa es que pueda existir un rebote y una subida también muy brusca. Allí es donde el ente regulador, el Banco Central debe tratar de atenuar estos movimientos y poder proyectar un escenario más claro y más tranquilizador para el futuro”, añadió.
Añadió que el 2026 será un año particularmente sensible desde el punto de vista político, pues se prevén las elecciones municipales. En ese contexto, resulta indispensable evitar medidas improvisadas o populistas que puedan comprometer la competitividad del país.
El sector privado necesita ser escuchado antes de la toma de decisiones económicas relevantes, puntualizó.
