Alrededor de 33% de mujeres en ventas y servicios frente a 15% de los hombres

En  servicios y ventas de comercios y mercados, las mujeres alcanzan el 32,9%, más del doble que los hombres.
En servicios y ventas de comercios y mercados, las mujeres alcanzan el 32,9%, más del doble que los hombres.Archivo, ABC Color

El mercado laboral paraguayo mantiene diferencias relevantes entre hombres y mujeres que van más allá del acceso al empleo y se extienden a su calidad. Los datos oficiales de 2025 compartidos en la edición anterior evidencian una brecha de género persistente, marcada por la concentración femenina en segmentos de mayor vulnerabilidad.

Uno de los rasgos más claros se observa en la informalidad: el 61,4% de las mujeres ocupadas trabaja en estas condiciones, frente al 57,7% de los hombres, situación que limita el acceso a la seguridad social y reduce la estabilidad de los ingresos, lo que afecta especialmente a las mujeres. A nivel educativo, las mujeres presentan mejores resultados. El 39,4% cuenta con 13 años o más de estudio, superando al 29,1% de los hombres. Sin embargo, esta ventaja no se traduce en mejores oportunidades laborales. La categoría ocupacional muestra que los hombres predominan como empleados privados, mientras que muchas mujeres se concentran en el trabajo por cuenta propia o en actividades de menor escala. La segmentación es aún más evidente en el trabajo doméstico, donde las mujeres representan el 15,0% frente a apenas el 0,9% de los hombres. Esto refleja una asignación desigual de tareas de cuidado, que condiciona su inserción laboral.

Al observar los datos por sector económico, las diferencias también resultan evidentes. En comercio, restaurantes y hoteles, el 26,8% de los hombres participa en estas actividades, mientras que en mujeres la cifra asciende a 35,6%. En servicios comunales, sociales y personales, la brecha es aún mayor: 16,9% en hombres frente a 38,3% en mujeres. Estos sectores, si bien absorben una parte importante del empleo femenino, suelen presentar menores niveles de ingreso promedio en comparación con otras actividades económicas.

En el caso del trabajo en servicios y ventas de comercios y mercados, las mujeres alcanzan el 32,9%, más del doble que los hombres, que registran 14,9%. Este patrón refuerza la idea de una concentración femenina en actividades vinculadas al comercio minorista y los servicios personales. Por el contrario, en ocupaciones no calificadas, los hombres presentan una mayor participación con 21,3%, frente a 18,5% en mujeres.

Un resultado interesante surge en el segmento de profesionales científicos e intelectuales. El 11,4% de las mujeres se desempeña en estas ocupaciones, frente a 5,6% de los hombres. Este dato confirma que, en los niveles más altos de calificación, las mujeres logran una mayor inserción relativa. No obstante, este avance convive con una alta concentración en sectores de menor productividad, lo que limita su impacto en términos agregados.

Actividades económicas
Actividades económicas

En conjunto, estos resultados permiten identificar una estructura dual en el mercado laboral femenino. Por un lado, un grupo de mujeres con alta formación que accede a ocupaciones calificadas. Por otro, una proporción significativa que se concentra en actividades informales, de menor escala o vinculadas al cuidado. Esta segmentación interna refleja tanto avances como restricciones en el proceso de inserción laboral.

Desde una perspectiva económica, estas diferencias tienen implicancias relevantes. La menor participación femenina en sectores de alta productividad limita el potencial de crecimiento agregado. Al mismo tiempo, la alta informalidad reduce la base contributiva y restringe la sostenibilidad de los sistemas de protección social. En este contexto, las políticas orientadas a mejorar la calidad del empleo femenino adquieren un rol central.

Por tanto y a modo de remarcar, el mercado laboral paraguayo presenta avances en la inserción femenina, especialmente en niveles educativos y ocupaciones calificadas. Sin embargo, persisten desafíos importantes en términos de calidad del empleo, informalidad y segmentación sectorial. La evidencia muestra que las diferencias de género no responden a un único factor, sino a una combinación de elementos estructurales que requieren un abordaje integral para reducir y buscar cerrar la brecha, así como aprovechar mejor el potencial económico del país.

* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.