El sostenido aumento de los precios internacionales de los combustibles, tras la guerra en Medio Oriente, seguirá presionando al alza los carburantes en nuestro país.
El analista económico Amílcar Ferreira advirtió que el impacto será inevitable y podría traducirse en incrementos de entre 60% y 80%, mientras que desde el sector privado recomiendan descartar la reducción de la base imponible del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) como medida de contención para mitigar el impacto.
Hasta el momento, las subas en Petropar se sitúan entre 19% y 21% tanto en diésel como en naftas, mientras que en los emblemas privados los incrementos oscilan entre 26% y 44%.
Ferreira sostuvo que el escenario actual obliga a replantear hábitos tanto en el Estado como en el sector privado y en los hogares. “El golpe es inevitable. Va a llegar una suba importante del precio de los combustibles, en el orden de entre 60% a 80%”, afirmó.
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Racionalización del consumo
Ante este panorama, recomendó avanzar en medidas de racionalización del consumo, ya que las subas seguirán al menos durante todo el primer semestre del año y recién podría bajar en el segundo semestre. “Sería muy bueno que tanto el Estado como las familias y las empresas racionalicen el uso del combustible, que se empiece a hablar de esto, que haya una especie de campaña”, señaló, al tiempo de insistir en que el uso debe limitarse a actividades “realmente necesarias”.
El analista indicó que este tipo de acciones ya se observan en otros países, donde incluso existen recomendaciones oficiales para reducir el uso innecesario del transporte. “El combustible está muy caro y esto obliga a las familias y al Estado a destinar más recursos para su compra”, explicó.
En ese contexto, también advirtió que una eventual reducción de la base imponible del ISC resulta poco viable en la coyuntura actual ya que hoy el panorama es mucho más restrictivo: “Estamos en una posición muy complicada, incluso con default interno”, afirmó.
Impacto global y traslado local
Por su parte, el empresario y referente del sector de combustibles Miguel Velázquez explicó que el comportamiento de los precios responde a una combinación de factores internacionales, con fuerte incidencia del conflicto bélico en Medio Oriente.
“El inicio del conflicto trajo como consecuencia una reacción del mercado ante un shock en la oferta y la logística de combustibles”, indicó. En ese contexto, detalló que el diésel cotizado en mercados internacionales “se disparó casi verticalmente”, pasando de unos 2,3 dólares a 4,5 dólares por galón, lo que representa un aumento cercano al 95%.
A esto se sumaron factores como el cierre del estrecho de Ormuz, mayores costos logísticos y el incremento de las primas de riesgo. “Todo esto impactó tanto en el mercado de crudos como en el de derivados, afectando también a países importadores como Paraguay”, explicó.
Velázquez aclaró que en este momento los valores siguen elevados. “Bajó de 4,5 a 3,87 dólares por galón, pero no se acerca a los niveles previos al conflicto”, precisó. En ese sentido, subrayó que los precios continúan “aproximadamente 55% por encima” de los registros anteriores.
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Con estos niveles, estimó que el precio del diésel en el mercado local debería ubicarse entre G. 9.000 y G. 10.000 por litro, considerando todos los costos adicionales. “El mercado internacional responde a estos vaivenes y el local no tiene opción más que actuar en consecuencia”, afirmó.
ISC en debate, pero sin margen para reducirlo
Respecto a las posibles medidas para contener los precios, Velázquez se mostró en contra de reducir o suspender el ISC. “No debería utilizarse ese camino. Necesitamos como país mejorar los ingresos tributarios y asegurar su adecuada utilización”, sostuvo.
En el caso del diésel tipo III, el impuesto de monto fijo de G. 680, a diferencia de los otros combustibles donde la carga tributaria depende del precio.
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En este sentido, explicó que, de hecho, el aumento de los combustibles incrementa la recaudación en algunos segmentos, ya que eleva la base imponible. Sin embargo, advirtió que esto también genera un efecto inflacionario en toda la economía.
“El impacto se traslada a toda la cadena económica, generando presiones inflacionarias”, señaló.
Como alternativa, propuso explorar mecanismos de coordinación entre el sector público y privado para amortiguar la volatilidad de los precios. “Se podrían implementar esquemas de estabilización que permitan suavizar la transmisión de los precios internacionales al mercado local, evitando distorsiones, hasta que se normalicen las condiciones”, planteó.