Expertos brasileños advierten: exceso de generación también es problema y piden separar roles en el sector eléctrico

Hombre de traje claro habla mientras otro con gafas sostiene micrófono. Mujer con blazer oscuro observa con interés en un auditorio.
Diego Oddone, Rafael Kelman y Paula Valenzuela durante la exposición sobre el modelo energético brasileño, en el oro “La energía como condición para el desarrollo económico del Paraguay”.arcenio acuña

Especialistas del sector energético brasileño expusieron esta semana en la sede de la CAF en Paraguay, las lecciones de la reforma eléctrica del vecino país, que en dos décadas pasó de un sistema estatal e hidroeléctrico a uno liderado por la inversión privada. La clave para atraer capital fue separar roles institucionales para evitar conflictos de interés, además buscar la transparencia en los procesos.

El primer panel del foro, “La energía como condición para el desarrollo económico del Paraguay”, fue dedicado a la visión de dos expertos sobre el modelo energético brasileño. Moderado por el Ing. Diego Oddone, contó con las exposiciones de Rafael Kelman y Paula Valenzuela, ambos directores de la firma PSR.

El evento fue organizado por el Consejo Asesor Empresarial – Mesa Energética, el miércoles último, 22 de julio, en la Casa de la Integración de la CAF eimpulsado en conjunto por la CAF, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) y la Unión Industrial Paraguaya (UIP).

Kelman, ingeniero civil y doctor en ingeniería de sistemas, situó el punto de partida de la reforma brasileña a comienzos de los años 2000. Hasta entonces, el sistema eléctrico del país dependía casi exclusivamente de la generación hidroeléctrica desarrollada por empresas estatales como Eletrobras.

El experto recordó que en 2001 Brasil sufrió un racionamiento de energía provocado por una sequía severa, que obligó a reducir el consumo un 20% durante casi un año.

“El flujo de información entre las empresas y hasta el nivel del presidente de la República no funcionó de la mejor manera”, relató Kelman, quien señaló que ese episodio evidenció fallas de planificación y de acceso a la información.

Tras el racionamiento, Brasil creó nuevos mecanismos de seguimiento del sector y aceleró la apertura a la inversión privada. El resultado, explicó, es una diversificación radical: de una decena de empresas estatales se pasó a miles de agentes invirtiendo en generación eólica, solar y, próximamente, en almacenamiento por baterías.

Subastas y una red de transmisión unificada

Kelman destacó como uno de los mayores logros del país la existencia de una única red de transmisión integrada desde el año 2000, que hoy suma casi 200.000 kilómetros de líneas de alta tensión, de los cuales 60.000 kilómetros se construyeron en la última década.

Ese desarrollo se sostuvo en subastas de largo plazo: quien gana un proceso recibe contratos de entre 25 y 30 años para construir, operar y mantener las líneas, a cambio de la tarifa más baja posible. “Si tengo 25 o 30 años de contrato que vencí en una subasta, voy al banco y tomo dinero, porque hay estabilidad de flujo de capital”, explicó el especialista.

Ese mismo mecanismo de contratos estables se replicó en distribución, con 60 empresas que operan bajo áreas de concesión, mayormente una por estado. Según Kelman, el marco regulatorio estable —que reconoce tarifariamente solo las “inversiones prudentes” auditadas por el regulador— permitió mejoras sostenidas en la calidad del servicio, hasta alcanzar una cobertura de casi el 100% de la población.

La separación de roles, la lección central para Paraguay

Paula Valenzuela, ingeniera eléctrica y máster en sistemas de energía, centró su exposición en la arquitectura institucional del sector. Para la directora de PSR, el eje de la transformación brasileña no fueron las entidades en sí, sino la separación clara de roles entre quien planifica, quien opera la red, quien regula y quien financia.

“Hay que definir bien quién hace qué tipo de rol para que, al fin y al cabo, se evite lo que llamamos conflicto de interés”, planteó Valenzuela.

En el modelo brasileño, cada función recae en una entidad distinta: el Consejo Nacional de Política Energética define la política junto al Poder Ejecutivo; la Empresa de Pesquisa Energética (EPE) planifica con estudios públicos; el Ministerio de Minas y Energía implementa las políticas; la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (ANEEL), el regulador, tiene independencia para fijar las reglas técnicas; el Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS) coordina la operación del sistema sin ser propietario de los activos, y la Cámara Brasileña de Comercialización de Energía Eléctrica (CCEE) liquida las transacciones comerciales.

Valenzuela subrayó que la independencia del regulador y la transparencia de sus procesos —incluidas las reuniones de directorio transmitidas por YouTube— fueron condiciones básicas para atraer inversión privada estable.

“Los agentes privados necesitan reglas estables, transparentes, y esa percepción de que quien dicta esas reglas es independiente”, afirmó.

Cuando el problema es tener demasiada energía

Uno de los mensajes más directos de la presentación fue que el exceso de generación también genera crisis. Valenzuela explicó que, por una cuestión física, la generación y la demanda deben ser exactamente iguales en todo momento, por lo que un excedente obliga a recortar la producción de las plantas.

En Brasil, esos recortes —llamados curtailments en el caso de la energía eólica y solar, o “vertimiento turbinable” en el caso de las hidroeléctricas— ya representan la principal causa de restricción de generación en el sistema. Según los expositores, algunas plantas solares llegan a perder entre un 30% y un 40% de su producción en determinados días.

“Cuanto más gente tienes ahí disponible para generar, en algún momento tienes que empezar a restringir esta generación”, advirtió Kelman, quien vinculó el fenómeno al crecimiento acelerado de la generación distribuida, que en Brasil avanza a un ritmo de 10.000 megavatios por año.

Colas de conexión y proyectos especulativos

Kelman describió además un segundo desafío: la saturación de puntos de la red de transmisión, disputados tanto por nuevos proyectos de generación como por consumidores intensivos, entre ellos los centros de datos. Esa demanda generó largas “colas” de espera para conectarse al sistema.

Para resolverlo, Brasil aprobó el año pasado una política nacional de acceso a la red de transmisión, que reemplaza las listas de espera por dos ventanas anuales de solicitud. Cuando varios interesados compiten por el mismo punto, se define por subasta, y lo recaudado se destina a reducir las tarifas de todos los consumidores.

El mecanismo incluye además garantías económicas para desalentar solicitudes especulativas que buscaban revender el derecho de conexión.

“No es que Paraguay tenga que hacer lo que hizo Brasil con ese montón de nuevas entidades, pero la separación de roles tiene que ser clara, y esa es una condición básica para atraer inversionistas”, concluyó Valenzuela.