La productora de locotes María Adelfa Coelho, de la compañía Cerrito del distrito de San Roque González, departamento de Paraguarí, tenía una chacra sin producir y decidió aventurarse con el cultivo de locote de la variedad Marsella. Actualmente cuenta con cuatro invernaderos y demostró que el cultivo protegido casi duplica el rendimiento por planta.
Explicó que en 2025 cultivó 4.000 plantas de forma tradicional, bajo media sombra, y obtuvo 2,7 kilos por planta. Este año, con 4.000 plantas bajo invernadero, cada una deja más de 5 kilos. Además, la calidad del producto no tiene nada que envidiar a la de los que ingresan del extranjero.

La productora contó que, al ver su terreno improductivo y contar con estiércol y madera, se lanzó a esta producción con abono verde, con el acompañamiento del ingeniero agrónomo Carlos Espinoza.
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Coelho aseguró que la actividad es rentable. Da trabajo a tres operarios y a un profesional agrónomo, y abastece a supermercados y verdulerías de San Roque González y de comunidades vecinas como Quiindy, Caapucú y Carapeguá.

Sin embargo, la productora advirtió que, ante el ingreso de productos presumiblemente de contrabando, el precio del locote viene bajando.
Actualmente lo comercializa a G. 5.600 el kilo en finca. Pese a ello, sostuvo que del campo se puede vivir bien, siempre que se invierta en sistemas de riego, alternativas de cultivo y cuidados culturales de las plantas.
Cuidados culturales influye en rendimiento
El ingeniero Carlos Espinoza explicó que el trabajo comienza con la rastreada del terreno y la incorporación de cal agrícola, que neutraliza la acidez del suelo, junto con materia orgánica. Luego se vuelve a rastrear y se preparan los tablones.

En los tablones se aplica estiércol vacuno y de oveja, además de fertilizante mineral triple 15, compuesto por nitrógeno, fósforo y potasio. Una vez trasplantados los plantines, se refuerza con fósforo.
Para el control de plagas se utiliza un producto sistémico, eficaz contra insectos chupadores y de difícil alcance, como pulgones, cochinillas, mosca blanca y trips.
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El uso de bactericidas y fungicidas es mínimo o nulo, ya que la lluvia no moja las plantas bajo el invernadero. Además, los tablones se cubren con mulching, lo que reduce el riesgo de propagación de bacterias y hongos. Sí se aplican insecticidas de manera preventiva contra pulgón, mosca blanca y chinches
