Con base en esta material, es posible desarrollar placas solares ligeras, flexibles, eficaces, con un nivel de transparencia, color variable y baratas que se podrían instalar en una computadora, en un coche, dron, nave espacial o edificio. Una placa estándar de aproximadamente 1,3 m2 costará 57 dólares y su rendimiento será equiparable al de los paneles clásicos, según las estimaciones actuales.
SUS ORIGENES En 1830, el alemán Gustav Rose, quien investigaba en los Urales, hizo un descubrimiento al que bautizó “perovskita” en honor al mineralogista ruso Lev Perovski.
Hubo que esperar a 2009 y a las investigaciones del japonés Tsutomu Miyasaka, seguido por otros, para descubrir la capacidad de las “perovskitas” para formar células fotovoltaicas.
En 2013, la joven polaca Olga Malinkiewicz (foto) preparaba el doctorado en el Instituto de las Ciencias Moleculares de la Universidad de Valencia, en España, cuando creó una célula foltovoltaica colocando una capa de “perovskitas” por evaporación.
Tras ese logro, dos empresarios polacos la animaron a crear con ellos la compañía Saule Technologies.
LA FORMULA MAGICA
Ahora, con apoyo del multimillonario japonés Hideo Sawada, desarrollaron laboratorios ultramodernos en los que se creó “la fórmula mágica” de tinta de “perovskita” y ya están construyendo un centro de producción a escala industrial, prometiendo una verdadera revolución en el campo de la energía solar.
