Nadie debería confundir el alcance de lo ocurrido con la elección de una nueva mesa directiva de la Cámara de Diputados, que supuso el desplazamiento del colorado Pedro Alliana, representante de Horacio Cartes, y su reemplazo por el liberal Carlos María López.
Pero esto no es el fin de lo que aparenta ser una nefasta influencia del expresidente en el Estado, pues mantiene un número importante de diputados y senadores; se puede pensar que sigue controlando el Ministerio Público y una mayoría de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y de los órganos de control del Poder Judicial.
También es de presumir que mantiene una influencia notoria en las fuerzas policiales, y quién sabe en qué otras dependencias del Estado, con todo lo cual su poder fáctico seguiría siendo inmenso y sin contrapeso.
No obstante, lo ocurrido en la Cámara de Diputados es un resquebrajamiento, una grieta, en la estructura de ese poder fáctico, que supone una incipiente pérdida de su control sobre la tropa que dirige con mano de hierro para asegurar este esquema perverso con el que, puede suponerse, está destruyendo a nuestro Paraguay.
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Nada más, pero nada menos.
Por la necesidad imperiosa que tiene de proteger elementos de su negocio tabacalero, puede conjeturarse que Cartes requiere controlar instituciones del Estado que le aseguren impunidad, y que en ese empeño haya procurado prostituir todo lo que ha podido, llenando de abyectos serviles a institutos cuyo correcto funcionamiento impiden.
La resultante de esa “política” es la rampante impunidad de cuanto ladrón de dinero público aparenta estar bajo su protección y, lo peor, la de los autores y cómplices del contrabando de cigarrillos, pues los contrabandistas son los que generan la inmensa demanda de productos tabacaleros que existe en nuestro país.
El exministro Arnaldo Giuzzio puso a disposición del Congreso Nacional una síntesis bien respaldada con documentos sobre el contrabando de cigarrillos y el lavado de dinero proveniente de esa actividad ilegal específica. La vinculación de organizaciones trasnacionales de tráfico de drogas es uno de los elementos más alarmantes de dicha síntesis.
Ninguna parte de lo expuesto por Giuzzio ha sido desmentida de forma alguna. Pero no solo eso, sino que todo ello confirma lo ya encontrado, documentado y denunciado anteriormente por la Comisión Messer, investida de poderes de rango constitucional que, sin embargo, fue totalmente ignorada por el Ministerio Público –a cargo de Sandra Quiñónez– para beneficio del exmandatario.
No es difícil ver, ni lo es entender, el efecto deletéreo, espantoso, peligroso, trágico, que parece surgir de la influencia de Cartes en la vida pública. Nunca en su historia estuvo nuestra República más amenazada que ahora. Su existencia misma está en juego, pues convertirla en un departamento del “grupo Cartes” es simplemente abolirla.
Para proteger sus negocios, hasta parece destruir la división de Poderes, pues en todos ellos están operando en ese sentido esos serviles abyectos mencionados, que prefieren obedecer a un patrón inescrupuloso que responder al sentido de Patria.
Por todo eso, aunque es un paso pequeño, lo ocurrido con la mesa directiva de la Cámara de Diputados abre una rendija de esperanza, pues una grieta en la represa del cartismo supone un problema estructural que difícilmente el jefe de Honor Colorado pueda revertir.
Puede hacerlo, pero le será difícil: lo ocurrido confirma que ya no controla a su tropa como antes o, para plantearlo de otra manera, algunos de quienes hasta ahora le fueron funcionales, empiezan a reflexionar sobre el daño inconmensurable que el líder de Honor Colorado aparenta causarle a nuestro Paraguay.