Amenaza grosera y fuera de la realidad de los “camioneros”

Gremios de “camioneros”, en realidad de transportistas, anuncian una movilización el 1 de octubre en las inmediaciones del estadio Defensores del Chaco para intentar obstaculizar la inauguración de los Juegos Odesur Asunción 2022, con el fin de que “la prensa internacional se haga eco de las mentiras del Gobierno” sobre la reducción de precios de combustibles. Además de constituir una amenaza grosera frente a nuestros visitantes, muy impropia de la tradicional hospitalidad paraguaya, es bastante curioso que pretendan la atención internacional, porque si algo evidentemente no están teniendo en cuenta, tanto este sector como los políticos que le siguen demagógicamente la corriente, es lo que está ocurriendo en el mundo.

Si justamente se informaran un poco más a través de la prensa internacional y de las fuentes especializadas se enterarían de que, si bien está bajando el precio del petróleo crudo, que es la materia prima, la cotización de los derivados no sigue la misma tendencia, debido a la saturación de las refinerías y de la logística para poner esos productos en los mercados finales. Y si se confirman los preocupantes pronósticos, la situación está a punto de agravarse mucho más, cuando comience el invierno europeo.

Europa depende fuertemente del gas como fuente de energía, especialmente para la calefacción doméstica, y ante la ausencia de su principal proveedor de gas natural, que es Rusia, está recurriendo a la importación masiva de gas licuado de petróleo (GLP), que se transporta en barcos petroleros, lo cual está provocando escasez de bodegas y disparando el precio del flete marítimo.

Ello compite directamente con el transporte de los derivados y se suma a la escasez de diésel, en cuya producción también se usa gas, cuyo precio está por las nubes. Todo ello obviamente influye en el valor del gasoíl y de la gasolina que compra Paraguay, a través de grandes “traders” como Trafigura, Glencore, Vitol y otros, que son los que contratan los buques con combustible, principalmente en el Golfo de México, hasta el Río de la Plata y destinan una parte para abastecer a nuestro país. Paraguay no es productor y no tiene refinerías y, por el volumen de su consumo, no puede ni le es rentable eludir la intermediación. No lo hacen los emblemas privados, mucho menos Petropar, que tiene menos del 20% del mercado nacional.

Al 23 de septiembre de 2022, el promedio del precio en refinería de origen del ULSD (sigla en inglés del diésel ultra bajo en azufre, que es el que se importa en Paraguay) fue de 871,58 dólares el metro cúbico, contra 608 dólares a principios del año. A eso hay que agregar el llamado “premio”, que es lo que cobra el trader (y es lo que licita Petropar); el flete y seguro, el costo de despacho, el impuesto selectivo al consumo, el costo operativo de planta y la ganancia de los emblemas y las estaciones de servicio.

La situación antes mencionada de relativa escasez de diésel y de complicaciones en la logística se refleja en el aumento del “premio”, que se triplicó en lo que va del año. Petropar pagaba un promedio de 30,42 dólares de premio en enero y en las actuales licitaciones los traders no cotizan por menos de 111 dólares el metro cúbico. Se agregan 47,51 dólares de flete, 7,26 dólares de costo de despacho, 61,75 dólares de impuesto, 43,08 dólares de costo operativo, todo lo cual hace un precio de costo del gasoíl tipo III de 1.134,92 dólares el metro cúbico, a lo que hay que sumar un 13% (otros 147,42 dólares) de margen de ganancia de la cadena local de distribución.

Con un tipo de cambio de 6.963 guaraníes por dólar, el costo real más ganancia del gasoíl tipo III es de 8.930 guaraníes por litro, frente a un precio de venta al público de 8.300 guaraníes por litro, lo que significa que ya hoy se está vendiendo bastante por debajo de su valor de reposición.

Pese a ello, gremios de transportistas exigían que Petropar redujera el precio del gasoíl y de la nafta de 93 octanos en 1.500 guaraníes por litro, lo cual es imposible, y finalmente recibieron la promesa populista de una reducción de 560 guaraníes por litro, al amparo de un proyecto de ley demagógico sin ningún asidero técnico y sin ninguna fuente real de financiamiento.

Petropar no tiene recursos para ninguna reducción y pronto no tendrá ni para reponer su stock. La única manera de que el Gobierno baje los precios de Petropar es vía subsidio, es decir, haciendo que el Estado paraguayo se haga cargo de la diferencia, con el dinero de los contribuyentes y a costa de otras prioridades. Y todo para beneficiar a una porción muy minoritaria de los consumidores, con el agravante de que la brecha probablemente se incrementará todavía más en las próximas semanas y meses.

Los “camioneros” pueden hacer piquetes el 1 de octubre, enfrentarse con la fuerza pública, causar serias complicaciones a la organización de Odesur, pueden avergonzarnos haciendo que nuestros huéspedes se lleven una mala impresión de nuestro país, pero eso no va a cambiar la realidad.

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