La supuesta subjetiva “sensación de inseguridad” de la población, a la que suelen aludir las autoridades para minimizar implícitamente el aumento cuantitativo y cualitativo de los crímenes cometidos no solo en las zonas fronterizas, ha alcanzado en lo últimos días nuevas cotas que refuerzan el hecho objetivo de que la delincuencia –organizada o no– está en plena expansión y que el problema ya no radica solo en el auge de los “peajeros” o motoasaltantes influidos por el consumo de drogas ilícitas.
Uno de los nuevos episodios tuvo como escenario el asunceno Parque Guasu Metropolitano, que depende administrativamente del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), donde en la mañana del último domingo una joven fue atacada y sometida a abusos durante media hora en medio del bosque que rodea la senda, hasta ser asistida por un visitante del lugar. Pese a la presencia del Grupo Lince y del rastrillaje posterior, el agresor no pudo ser detenido porque, según el comisario Isidro Gamarra, el predio, en el que abundan los matorrales, es “demasiado extenso”, aparte de que él mismo se estaba ocupando, junto con la mayoría de los policías del área metropolitana, de las tareas preventivas del “superclásico” del fútbol paraguayo. A estas alturas, los delincuentes ya sabrán por experiencia cuánto les conviene atender el calendario de la Asociación Paraguaya de Fútbol, a la hora de planificar sus actividades. Esa misma circunstancia parecen haber tenido en cuenta la semana pasada supuestos sintierras para atacar dos establecimientos, el mismo día y a la misma hora, en dos departamentos diferentes, atendiendo a que policías de sus zonas habrían sido enviados a Asunción para reforzar la seguridad por el 15 de agosto. De esta manera, en el caso que nos ocupa, quienes acuden a sitios recreativos públicos quedan expuestos a agresiones diversas, incluso a plena luz del día.
El parque citado tiene casetas policiales, pero siempre estarían desocupadas, lo que dificultaría pedir un auxilio oportuno. La seguridad en los sitios de recreación, por lo que se ve, es algo que no preocupa mucho a las autoridades, ya que también el Jardín Botánico y el Parque Caballero, entre otros, han dejado de ser alternativas confiables, de modo que corredores y ciclistas se manifestarán mañana bajo el lema de “Parques públicos libres y seguros”, una pretensión compartida por quienes solo desean poder caminar o sentarse en uno de ellos, sin temor a ser atacados. Hace poco más de un mes, el viceministro de Seguridad Interna, Óscar Pereira, tuvo la sinceridad de afirmar que “la afectación de inseguridad es impactante”, sobre todo en el departamento Central, en el de Amambay y en el Alto Paraná. En el primero y en la capital del país incidirían el robo domiciliario y “los motochorros”, a lo que cabe agregar, según parece, los delitos cometidos en ciertos espacios públicos de esparcimiento. Los hechos punibles serían tan frecuentes que alguna vez los corredores del Jardín Botánico llegaron a portar palos para defenderse de eventuales atacantes.
Es preciso que el MOPC logre la colaboración coordinada del Ministerio del Interior para preservar la seguridad, de modo que los visitantes del escenario de un crimen horrendo no sufran en el futuro asaltos de toda clase. Por de pronto, se ha vuelto a evidenciar que la vida, la libertad y los bienes de las personas corren el riesgo creciente de ser vulnerados debido a que el órgano que debe preservar el orden público brilla por su ausencia también allí adonde asisten, para su solaz, quienes lo solventan con los tributos que pagan.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
La “sensación de inseguridad”, incluso en Asunción, sigue siendo tanta aunque así no lo crean jefes de Estado y ministros del Interior. En el caso del actual presidente, Santiago Peña, convendría que se le ocurra hacer algo para que la distancia que nos separa de “los países nórdicos”, con los que nos comparó alguna vez, deje de aumentar para bien de los traficantes de drogas, de armas, de personas y –no por último– de cigarrillos de contrabando. O, simplemente, para que el ciudadano común salga a caminar tranquilo en algún parque o avenida, con la seguridad de que va a volver a casa.