El domingo se llevaron cabo los comicios para elegir al sucesor de Miguel Prieto, exintendente de Ciudad del Este quien fue destituido tras la intervención municipal ordenada por diputados oficialistas y afines. El intendente electo concluirá su mandato en el 2026.
Entre los principales candidatos se encontraban el exgobernador de Alto Paraná Roberto González Vaesken (ANR, cartista) y Daniel Pereira Mujica (Yo Creo), este último, electo como nuevo intendente de Ciudad del Este tras la aplastante victoria con votos que por lejos duplicaron a los de su contrincante.
En medio del desconcierto por la derrota colorada, distintos dirigentes culparon al clan Zacarías Irún del revés electoral. Tanto Justo Zacarías Irún, actual director de la Itaipú Binacional, como su esposa, la diputada Rocío Abed (ANR, cartista) fueron abucheados y escrachados al llegar al lugar de votación, recibiendo el repudio de una ciudadanía cansada de tantas décadas de hegemonía familiar en la zona. El mismo repudio recibió el senador Javier Zacarías Irún (ANR, cartista), quien se vio obligado a retirarse ni bien terminó de depositar su voto en las urnas.
Como reflexión de lo ocurrido, el diputado Roberto González (ANR, Añetete) expresó en entrevista con ABC que, si bien ganar o perder son variables dentro de la política, las elecciones de Ciudad del Este deben ser objeto de análisis por la contundencia de los votos que superaron el 60% del electorado.
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Sobre la influencia negativa del clan Zacarías Irún afirmó que “algunos liderazgos caducaron” y que no se puede seguir apelando a la vieja práctica del clientelismo político para la obtención de los conocidos “votos cautivos”. Incluso, reconoció la existencia de “recursos” provenientes de la binacional para el día de las elecciones, y remató diciendo: “Con las turbinas de Itaipú a cuestas, la familia Zacarías encabezando la comparsa y perdemos como en la guerra”.
De este análisis puede deducirse que la victoria colorada de más de siete décadas siempre se debió al uso y abuso de los recursos públicos en tiempos de campaña, mediante prácticas como el clientelismo, la compra de cédulas, la paga de favores, la promesa de cargos, etc., que concilian con la definición exacta de “actos de corrupción”.
González expresó que es tiempo de reformular paradigmas dentro del Partido Colorado, de apostar nuevamente a la ética, la moral, la honestidad en la gestión cotidiana, y renovar las dirigencias partidarias con jóvenes que no repliquen viejos vicios, sino una nueva política actitudinal. En Ciudad del Este “supuró” la indignación de la sobrefacturación de pupitres chinos, la utilización por las autoridades de la avioneta perteneciente al empresario chino Long Jian, que luego resultaría adjudicado en millonarias licitaciones; el presunto sobreprecio del “arbolito” de Navidad de 700.000 dólares por parte de Itaipú de manos de Justo Zacarías Irún, según expresó.
Reconoció que las elecciones del domingo pasado fueron un pago de factura, donde los colorados “pagaron años de hipocresía, deshonestidad y corrupción”. Pagaron “la manipulación del Jurado de Enjuiciamiento por parte del oficialismo partidario y la manipulación del Ministerio Público para generar imputaciones a adversarios políticos”. Mencionó también la indignación del pueblo ante la obtención de bonos de IPS para ser depositados en el banco de plaza de cuyo holding era accionista el propio Presidente de la República, entre otras grandes presuntas aberraciones cometidas en los últimos tiempos de gobierno cartista, incluida la renuencia a rendir cuentas a la ciudadanía.
Finalizó diciendo que el pueblo esteño también cobró la factura de la grosera ostentación de la mansión del Jefe de Estado, de la utilización de militares para someter a civiles a la prueba del polígrafo por fuera de un debido proceso, al margen de la Constitución Nacional y las leyes, y por supuesto por “un escándalo de sobres voladores en Mburuvicha Róga”.
Como corolario, el presidente de la República, Santiago Peña, al ser abordado ayer por los medios de comunicación, trató de minimizar la participación esteña en las urnas, refirió que no considera “un castigo” para el Partido Colorado y que no se puede calificar como una “victoria nacional”, ignorando que Ciudad del Este es el pulmón económico del país, es la segunda ciudad más importante del Paraguay en cuanto al desarrollo comercial y económico, y el caudal electoral de la zona.
No perdió la oportunidad para desviar la entrevista y aprovechó para agradecer al presidente del partido, Horacio Cartes, por el trabajo que realiza. No obstante, señaló que ahora se debe apuntar a las municipales de 2026. Al parecer, no le preocupó que el pueblo esteño fuera contundente el domingo pasado.
Lo importante de estas elecciones, más allá del resultado, es que Ciudad del Este hizo valer su poder soberano, el poder del voto, el poder que cobra las facturas impagas que deja la corruptela política, el poder que hace temblar hasta las turbinas más grandes y que puede detener el avance de la voracidad política más que cualquier represa.
Es de desear que esa misma fuerza soberana se traslade a cada ciudad de este país, para que cada elector sepa que el poder soberano lo tiene el pueblo paraguayo, que la energía potencial no está en Itaipú ni en Yacyretá, sino en la elección que hará como pueblo, convirtiendo esa energía potencial en mecánica a través del voto consciente, útil y responsable, para volver a encender todas las luces y arrojar a los corruptos donde se merecen. No importa que el candidato a elegir sea colorado, liberal, Yo Creo, encuentrista, patriaqueridistas o lo que sea, toda vez que en su agenda anteponga la Patria y no sus bolsillos, los de sus correligionarios, sus “nepobabies”, sus parejas sentimentales y otros con quienes, bajo el pendón de la ANR, han venido esquilmando por décadas las arcas de la República.