Legisladores viven de espaldas a la población carenciada

En los últimos dos años, bajo la presidencia de Raúl Latorre (ANR, cartista), la Cámara de Diputados aumentó en más del 60% los fondos destinados a la compra de café, chipitas, edulcorantes y otros insumos de cafetería, En el bienio 2026-2027, gastará más de 354 millones de guaraníes en tales conceptos, es decir, unos 113 millones más que en el bienio anterior. En tal contexto, se divulgó una foto que muestra al citado presidente de ese órgano legislativo, a la diputada Johana Vega (ANR, cartista) y a su hermano Julián Vega, precandidato a intendente de Mariano Roque Alonso, luciendo cuatro bandejas con las iniciales RL, JV, SP y HC, de no muy difícil identificación, hechas con masas para chipitas. Mientras tanto, hace unos días se supo que los 80 centros educativos de Itá carecían de insumos para el almuerzo y la merienda del Programa Hambre Cero, lo que obligaría a reducir las raciones para los alumnos. Situaciones similares se repiten en otros lugares del país, al igual que las quejas sobre las instalaciones ruinosas que no pocas veces obligan a enseñar bajo los árboles.

En los últimos dos años, bajo la presidencia de Raúl Latorre (ANR, cartista), la Cámara de Diputados aumentó en más del 60% los fondos destinados a la compra de café, chipitas, edulcorantes y otros insumos de cafetería. En el bienio 2026-2027 gastará más de 354 millones de guaraníes en tales conceptos, es decir, unos 113 millones más que en el bienio anterior. En tal contexto, se divulgó una foto que muestra al citado presidente de ese órgano legislativo, a la diputada Johana Vega (ANR, cartista) y a su hermano Julián Vega, precandidato a intendente de Mariano Roque Alonso, luciendo cuatro bandejas con las iniciales RL, JV, SP y HC, de no muy difícil identificación, hechas con masas para chipitas.

Hace unos días se supo que los 80 centros educativos de Itá carecían de insumos para el almuerzo y la merienda del Programa Hambre Cero, lo que obligaría a reducir las raciones para los alumnos. Situaciones similares se repiten en otros lugares del país, al igual que las quejas sobre las instalaciones ruinosas que no pocas veces obligan a enseñar bajo los árboles. Son también de sobra conocidas las penurias de los enfermos y de sus familiares, porque los centros sanitarios del Ministerio de Salud Pública y del Instituto de Previsión Social carecen de medicamentos, de equipos y de personal especializado, entre otras necesidades. Hay “muertes evitables” causadas tanto por la negligencia y la corrupción como por las insuficiencias presupuestarias, que también afectan a la educación pública y a la construcción de rutas y caminos, reclamados por los pobladores de localidades aisladas. Pero todo esto no conmueve a los insensibles legisladores, que se autoaumentan sin pudor sus presupuestos pese a los numerosos privilegios con que ya cuentan, mientras cada día arrecian los reclamos de diverso orden por parte de más y más sectores de la población.

Entretanto, en el Congreso, que tiene unos 4.200 funcionarios y contratados, en gran medida por practicar sin disimulo el nepotismo y el prebendarismo, se derrocha a manos llenas. Sus privilegiados miembros, que cobran 37.900.000 guaraníes mensuales, creen necesario que los contribuyentes les paguen el café y las chipitas que consumen de marzo a diciembre, antes de tomarse unas largas “vacaciones”. También suelen viajar en “misión oficial” a bellos lugares turísticos del exterior, con todos los gastos pagos. Además, hay quienes se valen de vehículos del Poder Legislativo para atender asuntos particulares. La mayoría de ellos no brega por el buen uso del dinero de los contribuyentes, sino que se sirve de él en provecho propio.

En vez de servir al pueblo, al que a menudo invocan a boca llena, estos congresistas se sirven de él para hacerse la vida más cómoda, sin perjuicio de que más de uno obtenga presuntamente ingresos adicionales mediante el tráfico de votos o el uso indebido de influencias. El despilfarro en que incurre la mayoría de ellos implica una afrenta a la decencia y al buen sentido. ¡Cuántos baños, cuántos techos a punto de caer, cuántas aulas se pueden reparar tan solo con el adicional que ahora se autoasignan los diputados para sus cafecitos y bocaditos! Pero eso no les importa a la gran mayoría de ellos, que viven en una burbuja, lejos de las necesidades de la población.

La pésima calidad de la “clase política”, reflejada en la inconducta habitual de quienes ocupan un escaño, hace necesario que el votante sea mucho más cuidadoso en las urnas: al fin y al cabo, dependerá de él evitar que sus verdugos resulten elegidos, para lo cual convendrá que se mantenga bien informado.

La autoestima de los ciudadanos debería impedir que los “representantes del pueblo” les sigan tomando por idiotas, con todo descaro, como viene ocurriendo desde hace ya largos años. Es inútil llorar sobre la leche derramada, salvo que la mala experiencia sirva de lección para no volver a equivocarse; sin ir más lejos, impresentables como Erico Galeano, Hernán Rivas y Orlando Arévalo, entre otros de tan mala fama, no deben profanar el Palacio Legislativo, por el bien de un país tan castigado por los sinvergüenzas que pululan en las altas esferas del poder.

Ya es más que suficiente con lo que se ha venido soportando a duras penas, sin que ningún parlamentario haya insinuado tan siquiera un mea culpa; hasta se diría que cada uno de ellos está orgulloso de su gestión, tan costosa para los contribuyentes, los enfermos, los educandos y los aislados, entre otras víctimas del autoservicio de los congresistas, que financian a estos hasta su café y sus bocaditos.

La ciudadanía agraviada ya no debe seguir soportando tanta ignominia. El voto consciente es una excelente herramienta para cambiar las cosas.