La calidad de la educación universitaria deja mucho que desear

La notoria crisis de la educación terciaria, reflejada en la pobre calidad de la enseñanza e incluso en la expedición de títulos académicos de contenido falso, exige que se tomen prontas medidas en defensa de la población. Es muy grave que no se pueda confiar en que todo egresado universitario tenga la idoneidad necesaria para prestar sus servicios, hasta el punto de que muchas veces los asistidos pueden considerarse estafados. Aunque sea auténtico, el diploma suele resultar engañoso, porque la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes), creada por ley en 2003, no cumple ni puede cumplir su cometido de valorar y, dado el caso, garantizar la calidad de la enseñanza, de la infraestructura y del plantel docente.

La notoria crisis de la educación terciaria, reflejada en la pobre calidad de la enseñanza e incluso en la expedición de títulos académicos de contenido falso, exige que se tomen prontas medidas en defensa de la población. Es muy grave que no se pueda confiar en que todo egresado universitario tenga la idoneidad necesaria para prestar sus servicios, hasta el punto de que muchas veces los asistidos pueden considerarse estafados. Aunque sea auténtico, el diploma suele resultar engañoso, porque la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes), creada por ley en 2003, no cumple ni puede cumplir su cometido de valorar y, dado el caso, garantizar la calidad de la enseñanza, de la infraestructura y del plantel docente.

La participación en los procesos solo es obligatoria para carreras como las de Medicina, Derecho e Ingeniería, cuyo ejercicio puede afectar la integridad física y los bienes de las personas. Hasta el mes pasado, solo unas 500 de las nada menos que 5.000 carreras habilitadas por el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) habían sido acreditadas por la Aneaes. Al decir de su presidente, José Duarte, esta “brecha enorme” causa informalidad e incertidumbre en los padres que invierten en la formación de sus hijos, quienes a su vez ignoran si la carrera elegida les dará una “oportunidad”.

Se entiende así que la calidad de la educación universitaria deje muchísimo que desear, algo sobre todo alarmante en las ciencias médicas, por razones de sobra conocidas; pese a ello, el Cones, que en 2024 había resuelto suspender la habilitación de las carreras de Medicina, resolvió en marzo –para sumo disgusto de la Aneaes y del Círculo Paraguayo de Médicos– habilitar tres carreras de Medicina en forma provisoria, sin que los interesados –dos Universidades públicas y una privada– cuenten con campos de práctica. El hecho de que en la misma sesión haya habilitado 31 carreras en total da cuenta de la predisposición ministerial a masificar la educación universitaria, por así llamarla. Un miembro del Cones, presidido por el ministro de Educación y Ciencias, Luis Ramírez, dijo que “se aprueban carreras como empanadas”, una figura bastante elocuente que ayuda a entender también que Hernán Rivas y Orlando Arévalo sean “abogados”.

Es comprensible que el Círculo Paraguayo de Médicos haya solicitado al Poder Ejecutivo que el Cones sea intervenido para una “auditoría integral e independiente del procedimiento de habilitación” de las tres carreras de Medicina referidas. Pero la “intervención” debería ir mucho más allá y abarcar los procedimientos de habilitación y acreditación de las 46 hoy existentes, de las que solo 25 tienen el visto bueno de la Aneaes. Parece increíble, pero el 90% de los 45.000 estudiantes de Medicina es de nacionalidad brasileña, lo que hace suponer que las “universidades de garaje” son un buen negocio y que resultan atractivas justamente porque sus exigencias académicas son modestas; el problema para los graduados es que deben revalidar el título en su país de origen, mediante un examen que no aprueba más del 14%.

Es que la calidad de la enseñanza aquí impartida no da para más, como bien lo demuestran también las “muertes evitables” y la mala praxis tan habituales en estos lares. Como dice Alfredo Boccia Paz, miembro de la Academia de Medicina, “vamos a tener médicos de la categoría de Hernán Rivas”. El descontrol podría hacer que se estén regalando títulos de Medicina, algo que también sugiere el hecho de que en Pedro Juan Caballero haya dos hospitales y diez facultades de Medicina. La problemática de la enseñanza universitaria debe ser abordada con energía e inteligencia para que un título académico sea confiable y no suponga poner en riesgo la vida, la libertad o los bienes de las personas. No basta con impedir el colmo de la venta lisa y llana de un diploma. También es preciso poner el acento en una adecuada formación profesional, aumentando notablemente la calidad educativa; para ello, es imprescindible hacer lo mismo con la formación docente, hoy tan precaria.

Todo esto llevará su tiempo, pero alguna vez habrá que tomar en serio la importancia de la idoneidad en la “sociedad del conocimiento”. Es bien sabido que hay quienes llegan muy alto sin tenerla, pero recurriendo a medios indignos de una persona de bien. La educación tiene mucho que ver con la “igualdad de oportunidades en la participación de los beneficios de la naturaleza, de los bienes materiales y de la cultura”, garantizada por la ley suprema a todos los habitantes. Para fomentarla, es necesario promover la excelencia académica, en todos los niveles.