Santiago Peña en estado de negación

Santiago Peña se jactó en la Feria Empresarial del Paraguay 2026, organizada por la UIP, de que “no hay un solo indicador económico y social que no haya mejorado en estos tres años”, al tiempo de minimizar los atrasos en los pagos de los compromisos del Estado. Al margen de otras consideraciones, lo grave de esta actitud es que el Presidente de la República parece ignorar la magnitud de la crisis que atraviesa el sector público, cuando lo que demandan las circunstancias es que se ponga decididamente al frente para tratar de capear la tormenta lo mejor posible. La inocultable realidad es que el fisco paraguayo ha llegado a una situación de virtual default interno, con deudas vencidas que no se pagan ni se pueden pagar dentro de los límites fiscales comprometidos, y con serias dificultades para la ejecución de un presupuesto en el que se estimaron ingresos muy por encima de los que se pueden efectivizar, lo cual hace que los atrasos se acumulen todavía más y de manera constante.

Santiago Peña se jactó en la Feria Empresarial del Paraguay 2026, organizada por la Unión Industrial Paraguaya, de que “no hay un solo indicador económico y social que no haya mejorado en estos tres años”, al tiempo de minimizar los atrasos en los pagos de los compromisos del Estado. Al margen de otras consideraciones, lo grave de esta actitud es que el Presidente de la República parece ignorar la magnitud de la crisis que atraviesa el sector público, cuando lo que demandan las circunstancias es que se ponga decididamente al frente para tratar de capear la tormenta lo mejor posible, no solo internamente, sino ante los organismos internacionales y las calificadoras de riesgo.

La inocultable realidad es que el fisco paraguayo ha llegado a una situación de virtual default interno, con deudas vencidas que no se pagan ni se pueden pagar dentro de los límites fiscales comprometidos, y con serias dificultades para la ejecución de un presupuesto en el que se estimaron ingresos muy por encima de los que se pueden efectivizar, lo cual hace que los atrasos se acumulen todavía más y de manera constante.

Los principales responsables de que se haya alcanzado este punto son, en primer lugar, el propio Santiago Peña, quien ejerce el Poder Ejecutivo y es el administrador del Estado, una investidura declarada unipersonal e indelegable por la Constitución Nacional. Detrás de él, su exministro de Economía, Carlos Fernández Valdovinos, quien permitió que se suscitara similar escenario al que él mismo le criticó duramente al Gobierno anterior, al que acusó de no contabilizar obligaciones para cumplir artificialmente las metas fiscales. La diferencia es que ahora ocurre lo mismo, pero por montos mucho mayores.

Ambos son economistas, los dos presumen de posgrados en prestigiosas universidades norteamericanas, pero la verdad es que en estos tres años gestionaron pésimamente el gasto público, con un grado de imprevisión difícil de entender y de aceptar.

Es inaceptable, sobre todo, porque tuvieron a su disposición condiciones inmejorables. A diferencia del Gobierno anterior, que enfrentó años económicos difíciles y una emergencia sanitaria sin precedentes, a este le tocó un ciclo de vigoroso crecimiento, récord en recaudaciones y fondos extras de Itaipú para gastar discrecionalmente durante tres años.

Adicionalmente, con el visto bueno de los organismos multilaterales, a este Gobierno se le permitió recalendarizar el cronograma de convergencia del déficit fiscal y tomar préstamos extraordinarios para regularizar los compromisos atrasados y comenzar holgadamente de cero.

Pero en vez de aprovechar los vientos favorables para hacer reformas profundas, reducir los gastos fijos y el endeudamiento, realizar una correcta priorización y una acertada proyección del costo de los servicios estatales, gastaron mal, gastaron de más y no tuvieron en cuenta imponderables o posibles cambios de ciclos y tendencias. En suma, los hechos muestran que hubo groseros errores de cálculo y se comprometieron enormes gastos sin financiación sostenible.

El presidente Peña dijo en el evento de la UIP que el Estado acumuló deudas con proveedores y contratistas “a raíz de una disminución de los ingresos tributarios registrada durante el año pasado”, debido a la “caída de las recaudaciones aduaneras, asociada a factores externos y a la apreciación del guaraní frente al dólar”.

Esta afirmación es claramente falsa. Para empezar, la acumulación de deudas vencidas no es repentina, sino que viene de arrastre desde el inicio de esta administración. En segundo lugar, en 2025 se recaudaron 500 millones de dólares más que en 2024, que fue un año de aumento récord (20%). Las propias recaudaciones aduaneras crecieron 9% y, en cuanto al tipo de cambio, en diciembre de 2025 todavía estaba a 6.650 guaraníes por dólar.

La caída de las recaudaciones sí se agudizó este año, por lo que el panorama en 2026 desde el punto de vista fiscal es sombrío y probablemente será peor en 2027, con ingresos aún menores y sin fondos discrecionales de Itaipú.

De esta manera, las metas macroeconómicas, el grado de inversión y toda la credibilidad del Paraguay penden de un hilo. Negándolo y maquillando la contabilidad estatal Santiago Peña no va a convencer a nadie. Lo que corresponde es presentar una agenda viable de sinceramiento, con medidas drásticas de estricto cumplimiento, y debe hacerlo con rapidez y determinación. Ya que tanto le gusta viajar, tendría que estar tomando un vuelo a Washington para negociar personalmente un plan de contingencia con el Fondo Monetario Internacional, si es posible con el respaldo de Donald Trump, y rogar que se le conceda al país un alivio financiero y más tiempo para poner la casa en orden.