La citada Unidad alega que al precio de importación de los “pupitres chinos” se le deben sumar los gastos causados por el transporte, el ensamblaje, el seguro, los impuestos y los costos operativos; en consecuencia, el precio promedio resultante de 752.026 guaraníes (123 dólares) por conjunto (mesa y silla) habría sido inferior al ofertado en el mercado local y en el brasileño. Resultado: el patrimonio de la entidad binacional no sufrió pues ningún perjuicio.
Vaya por delante que los “pupitres” metálicos de mala calidad –un colegio capiateño ya se desprendió de seis pares de ellos– fueron adquiridos de un comerciante chino, Long Jiang, ligado aparentemente al vicepresidente de la República, Pedro Alliana, usuario de su avión privado, al cabo de una sospechosa licitación pública. Posteriormente se supo que el mencionado avión también fue utilizado por el presidente Santiago Peña y su familia para viajar a la ciudad turística de Florianópolis, Brasil.
Según la Cámara Paraguaya del Acero y el Centro de Industriales Metalúrgicos, las bases y condiciones de la licitación fueron ajustadas a la conveniencia del ganador, dueño de la firma Kamanya SA, dedicada a la venta de sábanas y tejidos.
Los fabricantes nacionales fueron marginados: de hecho, solo participo en la licitación el oferente chino, pues los otros fueron descalificados porque sus “muestras” no se ajustaban a las especificaciones técnicas, que habían sido alteradas a última hora por la entidad convocante; curiosamente, la “muestra” presentada por el dueño de la firma adjudicada sí respondía a los repentinos cambios dispuestos. Es más, ocho días antes de que se haga pública la licitación, el empresario chino ya compró un total de 16.560 estructuras metálicas que coincidían con la primera partida a ser entregada y establecida en el pliego. No es impensable que el director general paraguayo de Itaipú Binacional haya atendido los vínculos existentes entre el “ganador”, que fue el único oferente, y el segundo de a bordo en el Poder Ejecutivo, Pedro Alliana. El primero –Santiago Peña– también usufructuario del avión del ganador de la licitación, defendió lo actuado, sin importarle la industria nacional ni la transparencia del proceso licitatorio.
En cuanto a las observaciones de los fiscales de la Unidad Anticorrupción: en marzo del año pasado se supo que, de acuerdo a los registros aduaneros de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios, el costo total estimado por cada set escolar (mesa y silla) fue de 32 dólares, ya incluyendo –téngase en cuenta– no solo el precio en China, sino también el flete, el seguro y el despacho. Estos datos oficiales de la DNIT refutan en gran medida a Luis Piñánez, Luz Guerrero y Christian Benítez, agentes fiscales de la Unidad Anticorrupción. Por tanto, se espera que el Juzgado Penal de Garantías ignore la solicitud formulada para impedir lo que parece un nuevo triunfo de la impunidad. Si se confirmara el contubernio para amañar una licitación e incurrir en un sobreprecio irregular, según fuertes indicios, los responsables tienen que ser sancionados, mal que les pese a las altas esferas.
Esta hedionda historia, en la que se habría afectado un considerable interés patrimonial público y de paso excluido aviesamente a la industria paraguaya, no debe tener un final feliz para sus protagonistas, como el que supondría darle un simple carpetazo y convertirlo en un irreversible hecho consumado. Lo acontecido se habría parecido bastante a una indignante tramoya, perpetrada en nombre de la educación pública para lucrar en forma indebida.
Como sus actores directos o indirectos serían muy influyentes, es deseable que el juez penal de garantías Rodrigo Estigarribia demuestre coraje y actúe con toda independencia, observando la ley y el bien común, antes que un presunto interés francamente inconfesable de uno o más capitostes. La multimillonaria suma que se pagaría en exceso si la impunidad triunfara, debe tener destinos mucho mejores, empezando en verdad por la educación. Es justo y necesario que la honestidad y el patriotismo prevalezcan siempre sobre la desvergüenza canallesca.