Las pugnas por el poder político interfieren en la marcha del Estado

Tras el llamativo boicot de los diputados cartistas a un proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre el financiamiento de un “programa de mejoramiento de la conectividad rural”, el senador Silvio Ovelar (ANR, cartista) afirmó que “la borrachera del poder nos está haciendo perder el rumbo”, en obvia referencia al oficialismo. En igual contexto, se quejó de que gobernadores de su sector político-partidario hayan cometido un “error estratégico” al hacer el vacío a un acto convocado por el presidente de la ANR, Horacio Cartes, presuntamente debido a que “últimamente todos quieren ser vicepresidente de la República”. No es ninguna novedad que el malhadado internismo político-partidario prime sobre el interés del país. Las pugnas de entrecasa, por el motivo que fuera, no se dirimen solo dentro de los partidos, sino que se trasladan al Congreso, a los gobiernos departamentales y a las municipalidades, interfiriendo en la marcha del Estado.

Tras el llamativo boicot de los diputados cartistas a un proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre el financiamiento de un “programa de mejoramiento de la conectividad rural”, el senador Silvio Ovelar (ANR, cartista) afirmó que “la borrachera del poder nos está haciendo perder el rumbo”, en obvia referencia al oficialismo. En igual contexto, se quejó de que gobernadores de su sector político-partidario hayan cometido un “error estratégico” al hacer el vacío a un acto convocado por el presidente de la ANR, Horacio Cartes, presuntamente debido a que “últimamente todos quieren ser vicepresidente de la República”.

No es ninguna novedad que el malhadado internismo político-partidario prime sobre el interés del país. Las pugnas de entrecasa, por el motivo que fuera, no se dirimen solo dentro de los partidos, sino que se trasladan al Congreso, a los gobiernos departamentales y a las municipalidades, interfiriendo en la marcha del Estado.

Como es obvio, “la borrachera del poder” afecta a quienes asumieron la responsabilidad de conducir el país y sus instituciones con sensatez, anteponiendo el interés general a las pretensiones mezquinas. Es que abundan los “políticos”, carentes de ideas sobre lo que se debe hacer desde el Estado para la nación, que se dedican más bien a la politiquería, signada por las maniobras de baja estofa. En ellos, la “borrachera” es una condición permanente que, como es obvio, se vuelve mucho más nociva cuando quienes la experimentan ejercen el poder para desgracia de la ciudadanía. Alguna vez el Paraguay tuvo verdaderos estadistas; hoy tiene muchos personajes grotescos que ocupan una banca y hasta llegan a presidir el órgano que enjuicia a magistrados.

El senador Ovelar dijo que algunos dirigentes cartistas “se están sobredimensionando”, luego de los resultados obtenidos en las elecciones internas previas a las municipales. Por regla general, también lo están no pocos legisladores de afiliaciones diversas, pues para ocupar un escaño es formalmente innecesario haber demostrado idoneidad. Es de algún modo comprensible que quienes han llegado tan alto pierdan conciencia de sus limitaciones y se embriaguen en las alturas del poder: para ellos, incurrir en el tráfico de influencias e instalar a amigos, parientes y correligionarios en la función pública, entre otras canalladas, serían elocuentes señales de que se está ejerciendo el poder con plenitud.

El problema radica en que las consecuencias para el bien común son funestas. En otros términos, los efectos nocivos de la “borrachera” son gravísimos; la cuestión se vuelve tragicómica si se suma que aparentemente en el oficialismo los “celos” priman sobre la “racionalidad”, según puede deducirse de lo señalado por el senador antes citado. Es indispensable que sus dirigentes sean sobrios, pues la ebriedad que les atribuye uno de los suyos perjudica sobremanera al país. No hay que abusar del “ñamandá” (mandamos) soberbio, sobre todo cuando se es incapaz de exhibir ciertos atributos morales e intelectuales, que deberían ser ineludibles en la función pública.

En fin, hay que cuidarse del exceso de alcohol “político”, en defensa del interés propio y ajeno. Es necesario conservar la capacidad de juzgar correctamente, sobre todo en un cargo público, porque pueden estar en juego el presente y el futuro de numerosas personas, aunque haya gobernadores y congresistas, entre otros, que no lo crean o no les importe. Los intereses del país no pueden estar sometidos al estado de ánimo coyuntural de las autoridades y los políticos de turno.